Política | Reflexión

Ni zurdos ni oligarcas

Según encuestas de la oposición, más del 80% de la población rechazó la reforma previsional; eso, sin embargo, no hizo que la gente avalara la estupidez violenta de manifestantes que dispararon contra las fuerzas de seguridad, buscando la tragedia como argumento para ganar un debate.

El oficialismo lo cuenta como un intento de golpe de estado. 

La oposición como una defensa del pueblo trabajador a la avaricia de los grupos económicos concentrados, que no dudaron en meterle la mano al bolsillo a uno de los sectores más vulnerables de la sociedad. 

El argentino promedio, una vez más, tuvo más sentido común que la dirigencia política presa, como casi siempre, de sus mezquindades. 

El proyecto de reforma previsional que fue convertido en ley en la madrugada del martes era, evidentemente, anti popular. 

La información, más o menos cierta, nunca desmentida con claridad por el gobierno y su pésima política de comunicación, indicaba que la actual gestión buscaba tapar uno de los tantos agujeros fiscales heredados del kirchnerismo, y eligió el peor lugar para financiarse: la masa de recursos que tenían asegurada para 2018 los jubilados, los beneficiarios de la asignación universal por hijo y aquellos que se acogieron a la moratoria previsional. 

Allí, la gestión de Cambiemos buscó aproximadamente 70 mil millones de pesos que no supo/no quiso buscar de otro lado. 

El ciudadano común, despojado de intereses partidarios, condenó esa decisión. 

Pero ese gesto de rechazo no hizo más que envalentonar a los populistas, históricamente improductivos y parasitarios del estado, a protagonizar los desmanes y el caos que se vieron el 15 de diciembre y en las últimas horas. 

El objetivo fue uno solo, ganar la discusión con el argumento más vil: la tragedia. Tirarle un muerto al gobierno, utilizar el ataque para acudir a la desgastada victimización del “nos están reprimiendo” contra la “feroz policía de la Bullrich”, que ayer, por orden de una jueza, fue al operativo disminuida en su capacidad. 

Tanto unos como otros fueron insensatos a los ojos del argentino promedio que se expresó con más inteligencia que los obtusos dirigentes que gobiernan el país, dándole forma a un razonamiento más o menos simple: meterle la mano en el bolsillo a los más débiles es repudiable, pero a esta altura, el bloque kirchnerista/massista/izquierda, se parecen más a unos agitadores del caos que a defensores de derechos. 

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