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Crónica de una traición

Decía Maquiavelo que la traición es el único acto de los hombres que no se justifica, pero eso no ha evitado que esté presente en la historia de la humanidad, desde Judas, que traicionó a Jesús por 30 monedas de plata, hasta hoy

Hay muchos tipos de traición. La más habitual suele ser la infidelidad amorosa, pero la falta de lealtad también destruye amistades, familias y negocios. Y en política, también existen traiciones.

Para que haya traición debe haber un vínculo de confianza. Tal vez por eso es tan dolorosa, porque viene de personas cercanas o bien de personas en las cuales se deposito la confianza.

La traición acaba de repente con aquello en lo que creemos, y según los psicólogos se produce un desajuste emocional muy importante porque la persona traicionada lo vive como una pérdida.

Esto es lo que pasó hoy en la Legislatura provincia, puntualmente en el bloque del Partido Justicialista, donde los electores de ese espacio una vez más fueron traicionados en su buena fe. Por enésima vez desde que asumió Morales el Partido Justicialista le dio la espalda a sus afiliados y electores, y lejos de cumplir su rol opositor volvió a ser funcional y apenas un socio menor y tributario del gobernador.

El Partido Justicialista volvió a estafar a los ciudadanos que depositaron su confianza en ese partido para cumplir el rol de oposición y balancear el poder en la provincia, pero nada de eso sucede, siguen más preocupados en tratar de sostener algún sainete y que no se note tanto la sumisión que tienen al poder de Morales.

Pero ¿qué consecuencias tiene para el traidor? ¿Es posible volver a confiar en quien nos traiciona?

La respuestas a todas estas preguntas es un contundente No, la confianza ha sido quebrantada en reiteradas oportunidades y eso se vio claramente en los guarismos electorales, el Partido Justicialista de la mano de Rivarola fue perdiendo exponencialmente su caudal electoral, obteniendo paupérrimamente 40 mil voluntades en la última elección. Una catástrofe. Y con los denominados traidores tampoco hay consecuencias, simplemente porque el traidor entró en el paquete de negociación.

Es harto sabido que nadie traiciona de un día para el otro. La persona que traiciona lo primero que hace es entrar en el círculo de intimidad afectiva y, la mayoría de las veces, conoce internamente a quien va a traicionar. El Partido Justicialista y Rivarola también lo saben con absoluta claridad, traicionan primero a sus estructuras partidarias y después al pueblo de Jujuy.

El traidor se toma su tiempo para ir construyendo internamente ideas, pensamientos, que justifican la injusticia que va a cometer. Es tan patológico que estas personas están convencidas de que su comportamiento es correcto y honorable, pues ha estado racionalizándolo de una manera absolutamente enfermiza.

Desde el mismo día que a Morales se le ocurrió reformar la constitución para eternizarse en el poder, Rivarola se convirtió en el principal animador de esta aventura, y a partir de allí, solo mirando sus propios intereses que nada tienen que ver con la política comenzó a tramar y racionalizar el engaño.

Los traidores buscan grupos de apoyo para armar su complot. Es decir, aliados, personas con quienes puedan armar coaliciones con el fin de destruir a sus víctimas. Esto es producto del temor de enfrentar cara a cara al que va a traicionar.

En esto Rivarola tiene su tropa comprada o alquilada, incapaces esbirros que en la sumisión encuentran el único camino para subsistir cómodamente en esta comarca.

Tenemos una clase política truhana, que siempre antepone sus cuestiones políticas, económicas y personales por encima de los del elector.

Ahora, en la votación de la reforma quedó exhibida brutalmente la calidad moral de los políticos, votan a medida del patrón, aunque eso signifique traicionar las supuestas convicciones ideológicas que antes defendieron.

Hoy tenemos una vida política ideológicamente híbrida, que lo que exhibe no son valores morales ni compromiso social, sino ambiciones personales.

Y ocurrió lo que podía esperarse: los dueños del clientelismo se reparten el poder con los amos del ejecutivo durante los próximos ocho años.

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