La Legislatura es un gran escenario donde intentan sobrepasar lo real, impulsando lo irracional y onírico, todo un mundo de fantasías. Los diputados radicales actuando como en una terapia de grupo, dándose la razón entre ellos, sin escatimar adulaciones entre ellos mismos, y cuando estas son escasas, bajo la impostura de aparentar una suerte de espíritu democrático invitan a partenaires que le den la razón y así el sainete puede continuar.
Una reforma en modo terapia de grupo
El gobierno, aferrado únicamente a cumplir los caprichos de Morales logró finalmente convertir un tema esencial como la reforma constitucional en un verdadero cuadro surrealista.
Lejos está la Legislatura de presentar un debate serio, pesa más el temor de una reprimenda por parte de Morales que una Constitución para todos los jujeños.
Por supuesto que para llevar adelante esta novela distópica, hacen faltan algunos incondicionales actores de reparto y de talento discutible pero con una obediencia a toda prueba.
En el elenco de segunda línea están los de siempre, los diputados del Partido Justicialista, los que conduce Rubén Rivarola, los mismos que apoyaron todo el obsceno endeudamiento de la provincia, los incapaces de pedir que Morales rinda cuenta de los dineros públicos, los mismo que aplaudían cuando los líderes mencionados urdían espurios acuerdos en medio de la pandemia, los mismos que en la arena electoral ponían todo el empeño para asegurar el triunfo de Morales y reducir a la mínima expresión al partido que legara Perón.
Desde el minuto uno de esta reforma, Morales sabía que tenía los votos necesarios, que al faltante se lo daría Rivarola y el Partido Justicialista, solo había que definir sobre cuales diputados caería la orden de levantar la mano.
La danza de nombres es eterna, están todos en la licuadora, pero como los más seguros aparecen los de siempre, los más sumisos, los más temerosos de perder la beca.
Morales solo necesita un voto, pero Rivarola le dará al menos cuatro: Fátima Tisera, que llegó a la Legislatura de la mano del combativo Movimiento Evita y en un abrir y cerrar los ojos dejó sus principios en la esquina y rápidamente comenzó a militar activamente en el rivarolismo; el "camionero Rodríguez", el mismo que dejó a sus pares del volante varados días en las rutas sin decir una palabra simplemente porque los transportistas estaban abandonados a la buena de Dios por orden de Morales; el siempre amanuense Fernando Posadas; y el hijo de Nilson Ortega, novel en estas lides políticas pero que muy a pesar de su corta edad y de estar haciendo sus primeras armas en estos asuntos, ya eligió el lado de los malos, adquiriendo las peores mañas de una dirigencia tan vetusta como perversa.
Rivarola no va a mandar a su familia a levantar la mano, en la creencia que eso lo dejará medianamente en condiciones de seguir con la nariz a flote en este naufragio justicialista.
En realidad el navío se está viniendo a pique, los botes salvavidas son escasos y la orquesta sigue tocando 'Nearer, My God, to Thee'.
Está en el ADN del peronista la cualidad de poder oler la sangre. Cuando esto ocurre, van por los restos del moribundo y eso está pasando, el peronismo está tomando distancia del Partido Justicialista y conformando un mega frente peronista para hacer frente a Morales y Rivarola.
Inclusive el Partido Justicialista nacional también está tomando distancia de los locales, marcaron la cancha con posiciones absolutamente contrarias a la reforma constitucional y enviaron mensajes directos: ningún diputado debe darle el apoyo a Gerardo Morales.
Hay intereses muchos más potentes que los intereses partidarios y esos son los que van a primar, lo que sin lugar a dudas puede desatar algunos tifones poso deseados para el PJ y algunos vientos favorables para el peronismo.

