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Una oligarquía rancia y vetusta enquistada en el PJ

La crisis de legitimidad de los partidos políticos se extiende a lo largo y ancho de toda la provincia, fenómeno que es elocuente también en el territorio nacional.

Hay un marcado distanciamiento entre la sociedad civil y los partidos políticos. Esto está claramente acentuado por la carencia de empatía de los partidos y las demandas sociales.

Este distanciamiento no solo se ha producido con la sociedad, también sucede hacia el interior de los propios partidos políticos.

La cúpula del partido es la que controla todo lo que ocurre o deja de ocurrir dentro del partido, esto funciona de tal manera que impide que los militantes de base tengan la oportunidad de expresar sus ideas y proponer iniciativas.

En realidad los políticos han pergeñado esta lógica para obstruir cualquier iniciativa que ponga en riesgo un status quo donde se benefician solo unos cuantos.

La sociedad también ha ido evolucionando y las formas de participación política se han diversificado, a la vez que se incrementan las demandas de una mayor intervención ciudadana en la toma de decisiones y en los procesos políticos. Existe una clara demanda para que las democracias pasen a ser más participativas.

A los partidos los integran los mismos sujetos que forman parte de una sociedad, razón por la cual la demanda de una participación activa interna también es un reclamo constante.

Un partido político que se precie de tal en estos tiempos buscaría reconciliarse con los militantes de base, como así también con los ciudadanos en general.

El sociólogo y politólogo alemán Robert Michels alguna vez cuenta en su obra “Los partidos políticos” que existe una "ley de hierro de la oligarquía", donde afirma que "tanto en autocracia como en democracia siempre gobernará una minoría"; en realidad lo que plantea es que toda organización política se vuelve oligárquica.

Michels a mediados del siglo IXX sostiene que los líderes partidarios siempre en su génesis se guían por la voluntad de masas y se autodefinen como revolucionarios, pero que indefectiblemente se terminan emancipando de las estructuras de bases y se vuelven conservadores.

La “ley de hierro de la oligarquía” se ha instalado definitivamente en el Partido Justicialista.

Una oligarquía vetusta, pestilente y poco ilustrada se ha apoderado del PJ, cerrando las puertas a cualquier intento de participación interna.

Le quitaron al PJ su impronta rebelde y revolucionaria, para pasar a funcionar con la lógica de Patrón y empleados.

La muestra más elocuente fue la conferencia de prensa celebrada ayer por algunos legisladores que con argumentos triviales descalificaron a aquellos que únicamente pretendían competir.

Esa conferencia no fue más que una sarta de justificaciones para argumentar que Rivarola seguirá al frente del PJ sin nunca haber ganado ninguna elección.

En realidad lo que defiende esta gente son sectores de privilegio, han convertido al PJ en una secta cerrada y excluyente.

Una secta que gira únicamente en torno a los intereses de Rivarola, donde los dirigentes dejaron de lado ese rol para convertirse en serviles bufones que absolutamente nada aportan a la política jujeña.

Los intereses personales y empresariales alejaron al PJ de la realidad jujeña, lejos de ser un partido de oposición el PJ fue el socio más obediente a los mandatos de Gerardo Morales.

Esto no fue gratis para los herederos de las 20 verdades peronistas, hay que ser muy memorioso para recordar cuando fue la última victoria electoral.

Vienen de fracaso en fracaso, y cada uno de ellos lo único que hizo fue consolidar a los derrotados en sus sitios de privilegio.

Esta oligarquía partidaria solo busca mantener e incrementar su poder, cualquier costo para este fin es válido.

Hoy el PJ de Rivarola, Fellner y Jenefes está solo a dos puntos de quitarle al presidente Fernández un escaño en el Congreso de la Nación.

Cerrar las puertas del PJ a la compulsa interna provocó que el 90% del pueblo peronista se haya alejado definitivamente de la campaña con vistas a las generales de noviembre, y ahora el peso de colocar al menos un legislador ha quedado en manos de Rivarola con un 83% de imagen negativa.

Esta gente se sirve de la democracia, entendiéndola como un sistema para la selección de oligarquías que finalmente lo terminan convirtiendo en un sistema hereditario.

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