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Son como el coyote que cae al precipicio

Con la primera tanda de aumentos de tarifas, tras la puesta en marcha del esquema de segmentación con topes de consumo, fue el primer factos que influyó en el índice de inflación de octubre, que fue de 6,3% según informó este el INDEC.

La presión que ejercieron las tarifas sobre el panorama de precios general empujó el índice hacia arriba y así se prepara el terreno para que la economía termine el 2022 con un IPC anual del 100 por ciento.

Este número no hace más que ratificar que la historia argentina está tristemente plagada de ejemplos de crisis que no pudieron ser resueltas nunca, por la incapacidad de lograr acuerdos, por la falta de voluntad de diálogo, por la negativa a escuchar, por la soberbia que implica desconocer las diferentes miradas, por los prejuicios en relación al "otro", por el rechazo a ceder en favor del conjunto, por el cinismo, los oportunismos y mezquindades que están siempre al acecho y también hay que mencionar por las pretensiones totalitarias de algunos líderes narcisistas que sucumbieron ante tentaciones megalómanas.

Con este panorama es pertinente recordar al experto en comunicación política Mario Riorda quien sostiene que las elecciones son, cada vez más, "plebiscitos emocionales" y no contiendas racionales. Esto quiere decir que el 2023 votaremos con las emociones a flor de piel.

Los sociólogos identifican luego de los análisis de humor social, que muchos argentinos están signados por la palabra “tristeza”, que viene acompañada por una suerte de abatimiento y un descreimiento generalizado en la clase política, y opinan que el país no puede quedar a merced de estas tendencias destructivas que alimentan muchos dirigentes políticos.

En los focus group también se desprende que la demanda social le exige a los políticos algún grado de madurez para encontrar acuerdos mínimos que beneficien al conjunto, en definitiva, le piden a la política de deja de solucionar exclusivamente los problemas de los políticos para trabajar en beneficio del conjunto.

No hablamos que la sociedad tenga ambiciones desmedidas, hablamos simplemente que el reclamo está en construir un país normal.

No se trata de buscar lo imposible ni de encontrar la cuadratura del círculo, sino de avanzar en acuerdos programáticos amplios, con metas concretas y posibles.

Sin embargo, los políticos están presentando un escenario electoral que viene mostrando con crudeza la persistencia de estas tendencias antropomórficas.

Pese a la ostensible fragmentación y dispersión electoral, y no obstante el contexto de profunda crisis que afecta a millones de argentinos, los dos principales espacios y sus respectivos potenciales candidatos parecen resueltos a continuar avanzando en proyectos que, a todas luces, son minoritarios, que excluyen a la sociedad y solo miran a la política y a los políticos.

La Argentina y los argentinos somos más pobres que en 2021. Los sueldos están peor que como los dejó el PRO en 2019 y todavía falta la devaluación que licúe la gigante deuda cuasifiscal que está dejando el Frente de Todos. Es decir, todavía falta lo peor.

Trabajadores que viven en barrios populares y que se levantan a las cinco de la mañana ven como algunos de sus vecinos no necesitan hacerlo porque cobran planes sociales; los empleados privados registrados y no registrados ven como sus puestos corren peligro mientras los empleados públicos sostienen estabilidad en el cargo y paritarias aseguradas; los jóvenes ven que sus opciones se reducen a pedalear para algún delivery o bien insertarse en una organización que reparta planes sociales; empresarios y emprendedores sin contactos políticos, con poco poder de lobby, ven como siguen creciendo los negocios de una casta política que desde hace décadas vive de las arcas del estado, que difícilmente puedan justificar el blanco, o bien empresarios prebendarios que también tienen como único camino la chequera estatal. Los empresarios que aplauden al gobierno de turno, como ahora, son los mimos que figuran como los grandes sobornadores en la causa cuadernos.

Cuando la sociología pregunta ¿Quién es el responsable de que estas injusticias puedan ocurrir? Allí es donde aparece la primera y preocupante respuesta, el grueso de los consultado contesta son absoluta seguridad "El estado".

Está claro que es una idea perversa pero simple, y que entra por los ojos.

Todos los días nos encontramos con el contraste entre quienes se pudieron subir a la barcaza del Estado, y quienes están abajo flotando como pueden.

El resentimiento crece en silencio y el rechazo a la dirigencia política crece en la misma proporción.

Porque la verdadera división de la sociedad argentina es de qué lado quedó cada uno en su relación con el estado.

Y como el estado argentino agotó todo el crédito, agotó todas las cajas y no puede expandirse más, no se pueden subir más pasajeros. A los que quedaron abajo sólo se les puede ofrecer planes sociales o bolsones de comida, ayudas que son defenestradas por los participantes de cualquier focus group.

Los políticos argentinos van tan apurados y tan metidos en su propio mundo que no se dan cuenta de que ha perdido el paso, marchan a un ritmo atolondrado.

Son como el coyote en el clásico de Warner Bros, que va corriendo detrás del correcaminos hasta que se cae por el precipicio. Siguen corriendo en el aire y solamente cae al vacío cuando se paran y mira hacia abajo.

Estos días coinciden varias situaciones similares en la política argentina, responsables que han ido más lejos de lo que deberían con un discurso fuera de la realidad, ignorando el vacío bajo sus pies, y que en algún momento mirarán hacia abajo y el desenlace será el mismo que el del pobre coyote.

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