Minimizar el hambre y aceptar ayuda: la estrategia a dos puntas del gobierno jujeño
- El gobierno jujeño afirma que el hambre está contenida a través del Plan de Contingencia y su programa de asistencia nutricional.
- De todos modos el oficialismo se suscribió al Plan Argentina contra el Hambre.
- Los referentes de comedores solicitan la sanción de una Ley de Emergencia Alimentaria.
- El subsidio para alimentar a los niños jujeños continúa por debajo de los $7.00 no se actualiza desde 2015 a pesar de la inflación.
El flagelo de la marginalidad avanza innegablemente en la provincia, una realidad tan palpable como el hambre que padecen miles de jujeños, habituales asistentes de comedores y merenderos comprometidos con la causa pero limitados por la falta de apoyo oficial.
“Estamos en una situación crítica, el dinero que nos alcanza el Ministerio de Desarrollo Humano no alcanza ni para comprar un saquito de té a los chicos. Estamos haciendo un esfuerzo sobrenatural para no dejar a los chicos sin el almuerzo y sin la cena” describía a nuestro medio la emblemática dirigente Mirta Cabana (Dar.Lo.Cab.)
La pobreza se percibe en los barrios, se refleja en las manifestaciones populares y las propias cifras divulgadas por el INDEC lo dejan aún más en evidencia: un tercio de la población jujeña no tiene las necesidades básicas cubiertas.
En su visita exprés, la titular del Consejo Nacional de Políticas Sociales demostró tener un panorama más certero y empático sobre las necesidades de los sectores vulnerables que los propios funcionarios locales presentes durante el lanzamiento del “Plan Argentina contra el Hambre”.
"Acá hay necesidades, problemas de mal nutrición, desocupación. Esta tarjeta busca reparar los sectores más desprotegidos. . Estamos aquí por que creemos en el compromiso de toda la ciudadanía es muy importante. Al hambre no solo se lo combate con una única política pública, hay problemas desde el lado de la salud, con agua potable como vemos en Salta y lo vemos acá también, hay barrios que todavía no tienen el acceso a este servicio tan básico".
El programa nacional oxigenará los bolsillos de 31 mil familias inyectando entre 4 mil y 6 mil pesos según la composición familiar. Muy por encima de los 550 pesos repartidos vía PLASONUP, un programa nutricional defendido a capa y espada por la gestión Morales para aplacar la crisis alimentaria.
Hasta el pasado mes de mayo la entrega mensual de este beneficio alcanzaba para comprar en el caso de Jujuy:1 botella de aceite, 1 polvo para postres, 1 bolsa de azúcar, 1 paquete de fideos, 1 polenta, 1 harina de trigo, 1 caja de tomate, 1 bolsa de arroz, 1 cacao y 5 cajas de leche líquida por $ 533,27
Los retrasos en el pago de proveedores se extienden más allá de dos años en el tiempo, con el temor siempre latente de un corte total del crédito. Al mismo tiempo comedores y merenderos abren o cierran en un parpadeo, el circuito de pago allí también es intermitente. Está claro que la pobreza estructural no se soluciona con paliativos como bolsones o tarjetas alimentarias. Pero el primer paso para resolver un problema es reconocerlo y actuar en consecuencia.
Esto último resulta difícil de vislumbrar tras las declaraciones de la propia ministra Sarapura respecto de que “hay una buena política alimentaria en Jujuy”.
La situación según describen los referentes de organizaciones sociales resulta insostenible. Santiago Zamora al frente de los comedores de la CCC viene exponiendo la situación desde hace años, reclamando por un sinceramiento de los montos y encendiendo la alarma sobre casos de desnutrición.
Cinco años pagando tan solo $6,80 para alimentar niños en franco crecimiento denota un claro cinismo a la hora de transparentar las cifras del hambre.