La frase pronunciada por el gobernador Gerardo Morales, arriba del escenario en el búnker de Juntos por el Cambio, pasada las 22 horas del domingo 27 de octubre, sonó a un grito de autoconvencimiento para tomar valor y encarar los tiempos que vienen.
Aunque fue de los dirigentes más críticos dentro del oficialismo, Morales nunca sacó los pies del plato en el frente que lidera Mauricio Macri.
La extrema dependencia de Jujuy no se lo hubiera permitido: la provincia genera sólo el 15% de sus recursos, y paga los sueldos de la superpoblada administración pública gracias a la coparticipación federal y la asistencia permanente del ministerio de economía de la nación.
Y aunque adelantó las elecciones para despegarse de la onda expansiva que sacó del poder al presidente Macri, Morales hizo campaña hasta último momento a favor del frente que le cederá el gobierno a Alberto Fernández el 10 de diciembre.
Antes de las PASO, el gobernador había realizado declaraciones que hoy parecen temerarias: “si gana Fernández lo primero que va a hacer es liberar a Milagro Sala”, repitió apelando a una tosca advertencia al electorado, aunque no haya registros del presidente electo afirmando tal cosa.
Con los lapidarios guarismos del 11 de agosto, había insinuado la existencia de puentes abiertos: “A Alberto Fernández lo conozco”, afirmó.
En las últimas horas, el vicegobernador Carlos Haquim fue el primer oficialista en ponerle nombre y apellido a esa posible salida de emergencia.
Sergio Massa es un amigo, como también lo son otros sectores, por lo tanto no hay que preocuparse y privilegiar la inteligencia”, dijo Haquim en declaraciones difundidas por su equipo de prensa. “Sergio Massa es un amigo, como también lo son otros sectores, por lo tanto no hay que preocuparse y privilegiar la inteligencia”, dijo Haquim en declaraciones difundidas por su equipo de prensa.
Hasta 2015 Morales y Massa afirmaban públicamente mantener una amistad pese a integrar espacios políticos distintos.
Incluso, previo a las elecciones que llevaron a Macri a la presidencia, Morales apostaba por el armado de un espacio amplio que incluyera al Frente Renovador de Sergio Massa. Esa opción fue derrotada en la recordada convención nacional de la UCR en Gualeguaychú y la alianza del radicalismo se selló sólo con el PRO.
Pero eso no le impidió a Morales llevar en su boleta a los dos candidatos a presidente: tanto Massa como Macri sumaron para Morales en aquella elección general de 2015. De hecho, Jujuy fue el único distrito en el que el tigrense se impuso como candidato a presidente.
Todo ese archivo es al que apela el oficialismo jujeño por estas horas para desterrar sus temores.
Ninguna administración provincial puede darse el lujo de cortar puentes con Casa Rosada.
Tanto Gerardo Morales como su antecesor Eduardo Fellner edificaron su estabilidad en el poder pagando los sueldos de los empleados públicos al día. Eso sólo es posible gracias a los recursos de la coparticipación federal los primeros 10 meses del año, y a la asistencia financiera extra para tapar el déficit provincial durante los últimos dos, más algún refuerzo para el pago de los aguinaldos.
Aunque Morales se distingue por el impulso para “el cambio de la matriz productiva”, todos los proyectos que apuntan a que la economía jujeña genere recursos propios todavía son eso, sólo proyectos con mejor o peor suerte en el camino hacia su concreción. La realidad es que Jujuy sigue siendo una provincia extremadamente dependiente de los recursos del tesoro nacional.
La apelación a “la paz”, con la que el gobierno resume el encarcelamiento a Milagro Sala también puede convertirse en un nexo: Massa fustigó en numerosas oportunidades al kirchnerismo por el esquema que empoderó a la dirigente durante los gobiernos de Néstor y Cristina Kirchner.
Los oficialistas consultados mantienen el hermetismo aunque reconocen que se trata de la maniobra más lógica y destacan a Morales como un político con oficio, trayectoria y habilidad para negociar.
En la cintura del gobernador reposan su tranquilidad, ya que en los últimos cuatro años la gestión provincial aumentó la burocracia y el gasto público, con el aval del macrismo.
Hoy, por las dudas, empiezan a hablar de austeridad.