La única posibilidad de sobrevivir es la ilegalidad; “vender en casa, como hacen todos, es la única manera que podés subsistir. El mismo gobierno te va presionando a pasarte de lo formal a lo informal”.
El consumo se redujo en un 40% y los clientes locales no son suficientes; quienes, por ejemplo, antes pedían una pizza especial ahora piden una común, y salen cada vez menos. Son más comunes las reuniones en hogares que las salidas a cenar, para abaratar costos, lo que reduce las ganancias de los empresarios.
“La gente sale a buscar precio, y lo que salva al rubro gastronómico es el turismo externo. Si tuviéramos que vivir del local no se podría sostener un negocio”.
Las ventas con el consumo local bajó un 40%
En enero, de acuerdo a Guarnieri, el precio de los insumos y la materia prima que necesita aumentó un 40%, lo que la obligó a incrementar sus precios entre 15% y 20%. A pesar de ello, los precios con respecto al mismo rubro en San Salvador son menores, por lo que muchos capitalinos viajan a Palpalá a cenar o almorzar en sandwicherías y pizzerías.
Incluso con las mejores perspectivas y resultados, solo se termina empatando; quien tiene muchos empleados en blanco es quien peor la pasa, “porque tenés que sacar de otro lado para solventar y equiparar la situación”. Y la situación aparentemente no mejorará: se vienen febrero, mes de Carnaval, y marzo, con el comienzo del ciclo lectivo, “el peor mes a nivel gastronómico”, dijo.
“Los impuestos nos están matando, hay locales que estamos al borde del cierre. Por más ventas que hagas llega fin de mes y terminás pagando impuestos (que) te asfixian”.