La carta que dejó Virginia Woolf antes de su dramático suicidio
Fue un 28 de marzo de 1941 cuando la escritora tomó la decisión de arrojarse al río Ouse con los bolsillos llenos de piedras.
VIRGINIA WOOLF
La vida de la escritora británica Virginia Woolf estuvo marcada por la depresión, a raíz de pérdidas familiares y abusos sexuales que sufrió por parte de sus hermanastros. Fue un 28 de marzo de 1941 que con 59 años decidió terminar con su vida, llenándose los bolsillos de piedras y sumergiéndose en el río Ouse.
A pesar de sus esfuerzos por mantenerla ocupada -quizá presintiendo la fatalidad-, su marido Leonard y su ama de llaves, Louie, fueron incapaces de evitar su huida. Ese día dijo que iba a descansar media hora, pero se calzó sus botas, se abrigó y partió rumbo al río. Antes se había asegurado de dejar repartidas por toda la casa no una, sino varias cartas dirigidas a su esposo y a su hermana Vanessa. Unos niños encontraron su cuerpo semanas después, arrastrado por la marea, cerca del puente de Southease.
Lo que decía la carta a Leonard
Querido:
Estoy segura de que me vuelvo loca de nuevo. Creo que no puedo pasar por otra de esas espantosas temporadas. Esta vez no voy a recuperarme. Empiezo a oír voces y no puedo concentrarme. Así que estoy haciendo lo que me parece mejor. Me has dado la mayor felicidad posible. Has sido en todos los aspectos todo lo que se puede ser. No creo que dos personas puedan haber sido más felices hasta que esta terrible enfermedad apareció. No puedo luchar más. Sé que estoy destrozando tu vida, que sin mí podrías trabajar. Y sé que lo harás. Verás que ni siquiera puedo escribir esto adecuadamente. No puedo leer. Lo que quiero decir es que te debo toda la felicidad de mi vida. Has sido totalmente paciente conmigo e increíblemente bueno. Quiero decirte que… Todo el mundo lo sabe. Si alguien pudiera haberme salvado, habrías sido tú. No me queda nada excepto la certeza de tu bondad. No puedo seguir destrozando tu vida por más tiempo.
No creo que dos personas pudieran haber sido más felices de lo que lo hemos sido nosotros.
La literatura fue su salvavidas, le proporcionó éxito y reconocimiento. Sobresalió por su maestría en mostrar "la subjetividad humana, los meandros y ritmos escurridizos de la conciencia", dijo sobre su escritura Mario Vargas Llosa.
Algunas de sus obras más famosas son La señora Dalloway (1925), Al faro (1927) y Las olas (1931).
Fue valiente su defensa de las mujeres. En su ensayo Un cuarto propio explica su irritación por «la culpable pobreza de nuestro sexo»; argumenta que para escribir novelas «una mujer debe tener dinero y un cuarto propio», y vaticina: «En cien años, las mujeres ya no serán el sexo protegido».
Le indignaba el menosprecio del intelecto femenino.

