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12 años de gobierno y 30 mil jujeños buscando empleo

Hay cifras que deberían acudir a una sociedad: treinta mil jujeños tienen trabajo y, sin embargo, buscan otro empleo. No estamos hablando de desocupados: son personas que ya trabajan, pero necesitan otra oportunidad para mejorar sus ingresos, sus condiciones laborales o sus perspectivas de futuro.

En el segundo trimestre de 2026 representan el 17,1% de los ocupados de Jujuy-Palpalá, prácticamente el doble que en el trimestre anterior. Ese dato debería ocupar el centro de la agenda política provincial.

Durante más de una década, el radicalismo gobernante construyó su proyecto alrededor de la transformación de la matriz productiva: litio, minería, energía, turismo e inversiones fueron presentados como los pilares de una nueva Jujuy. Pero después de doce años corresponde formular una pregunta: ¿cuánto de esa transformación se convirtió efectivamente en empleo privado de calidad, mejores salarios y mayor capacidad de consumo para los jujeños?

Una provincia puede aumentar sus exportaciones, atraer inversiones y desarrollar grandes proyectos y, al mismo tiempo, no generar suficientes oportunidades laborales para su población. El problema no es cuánto dinero mueve una actividad, sino cuánto valor queda en la provincia, cuántos proveedores locales incorpora, cuántos empleos permanentes crea y cuánto mejora la vida de la gente.

El gobierno puede exhibir como resultado la reducción de la deuda y el ordenamiento de las cuentas públicas, pero ordenar las cuentas no puede convertirse en el único objetivo de una gestión. La pregunta fundamental es: ¿ordenar para qué? Si el equilibrio fiscal convive con salarios que no alcanzan, un comercio debilitado y 30.000 trabajadores buscando otra ocupación, existe una tensión económica que merece ser discutida.

Además, no puede ignorarse una relación elemental: cuando los ingresos pierden poder adquisitivo, cae el consumo; cuando cae el consumo, el comercio vende menos; cuando las empresas venden menos, invierten y contratan menos, y así se genera un círculo que termina afectando al empleo.

Lo más preocupante es que el dato revela algo que debería interpelar tanto al oficialismo como a la oposición: en Jujuy existe voluntad de trabajar. Hay personas que ya tienen empleo y están buscando otro. El problema no parece ser la falta de trabajadores dispuestos a producir, sino la insuficiencia de oportunidades capaces de absorber esa demanda.

Y mientras la política provincial continúa discutiendo deuda, salarios y obras, aparece otro desafío gigantesco: la inteligencia artificial. El mundo laboral está cambiando a una velocidad que puede transformar o eliminar numerosas tareas. ¿Dónde está el debate jujeño sobre los empleos que serán modificados por la IA? ¿Dónde está el programa para capacitar a los trabajadores? ¿Dónde está la estrategia para convertir la revolución tecnológica en una oportunidad y no en otra fuente de exclusión?

Después de doce años de gobierno radical, la discusión ya no debería girar exclusivamente alrededor de lo que se hizo o de lo que se anuncia; debería girar alrededor de los resultados.

¿Cuántos empleos privados se crearon? ¿Cuánto crecieron los salarios reales? ¿Cuánto valor agregado queda en Jujuy? ¿Cuántas empresas locales se incorporaron a las nuevas cadenas productivas? ¿Cuántos jóvenes pudieron construir su futuro sin emigrar?

Esas son las preguntas que deberían estar en la Legislatura y en la agenda de todos los partidos. Porque una verdadera transformación productiva no se mide solamente en inversiones, exportaciones o grandes obras. Se mide también en la posibilidad concreta de que un trabajador pueda vivir de su empleo, que un comerciante tenga clientes, que una empresa pueda crecer y que un joven encuentre razones económicas para quedarse.

Treinta mil jujeños están buscando otro empleo. Es una señal política imposible de ignorar. Frente a la voluntad de la gente por trabajar, se impone una pregunta: ¿dónde están las oportunidades?

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