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Desde distintos puntos del país y el mundo para ver el Toreo de la Vincha

Sólo una vez al año, el 15 de agosto, Casabindo emerge del silencio para vivir las Fiestas Patronales de la Virgen de la Asunción y la ancestral tradición del Toreo de la Vincha. Lejos y muy alto, la imponente geografía de la Puna se convierte en la cita que nadie se quiere perder.

 

El Toreo de la Vincha constituye una arraigada manifestación de religiosidad popular, originaria de la época de la conquista y alimentada con el milenario espíritu kolla, en honor a la Virgen de la Asunción.

La fecha de su celebración es cada 15 de agosto, siendo el único día del año, en el cual Casabindo desborda de gente. Los turistas y devotos llegan hasta la majestuosidad de la Puna jujeña, movidos por la fe o simplemente para adentrarse más en la riqueza cultural que propone el único espectáculo taurino de Sudamérica.

En esta edición se pudieron observar visitantes provenientes de los lugares más impensados, algunos de Japón, Australia, Bolivia, Brasil; y lugares del interior del país, como Córdoba, Buenos Aires, Santa Fe, Salta. 

Gustavo oriundo de Saladillo contó a Canal 2 que desde hace mucho que quería conocer Casabindo.

“Sabía de los festejos que hacen por la Virgen de la Asunción y en Saladillo también es el día de la Virgen, entonces sabíamos que acá había una fiesta muy linda y este año decidimos venir con mi señora”.

Otros dos visitantes que llegaron desde La Plata, dijeron, “hace años que queríamos venir pero no podíamos por el trabajo. Ahora como somos jubilados y en agradecimiento a la Virgen hemos venido”.

“Mi madre se llamaba Asunción por eso es especial”.

En la mayoría de los casos, los turistas coincidían en que no era la primera vez que estaban en Jujuy pero sí en Casabindo. Descubrieron primero pueblos de la Quebrada como Tilcara y Purmamarca y a partir de allí es que decidieron volver y seguir hacia nuevos lugares.

El Toreo de la Vincha claramente es una cita que a ningún viajero que le gusta venir a Jujuy quisiera perderse.

Héctor Tizón en su inolvidable Fuego en Casabindo, lo dijo mejor que nadie: "Aquí la tierra es dura y estéril; el cielo está más cerca que en ninguna otra parte y es azul y vacío. No llueve, pero cuando el cielo ruge su voz es aterradora, implacable, colérica. Sobre esta tierra, en donde es penoso respirar, la gente depende de muchos dioses. Ya no hay aquí hombres extraordinarios y seguramente no los habrá jamás. Ahora uno se parece a otro como dos hojas de un mismo árbol y el paisaje es igual al hombre".

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