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Memorias de un escultor esporádico II

 

RESCATANDO A UN HÉROE DE LA INDIPENDENCIA

 

Cuando cursaba estudios secundarios (Orán, década del 70) en una escuela nocturna para adultos mientras trabaja durante el día para sustentarme, tuve el honor de conocer al Profesor Hugo Alberto Luna, historiador y escritor de Orán, que fue mi profesor de Geografía en el segundo año del colegio.

En ese tiempo él andaba en el proyecto de editar el primer tomo de una colección histórica cuya portada nos mostró en clase: “ORAN: apuntes escolares”. Cuando descubrió mis habilidades para el dibujo y luego de tomarme una prueba en vivo, enseguida me “contrató” para ilustrarle el volumen completo, incluido la tapa. Cuando el profesor quiso saber mi opinión personal sobre su libro, aproveché para observarle el título que, para mí, decía muy poco de su contenido o no era tan atractivo para el público en general, por lo que el profesor pasó a llamarlo “Conozcamos lo nuestro”, como era el nombre de un programa radial que él conducía por la emisora local. En cuanto a la forma de trabajo, es decir, a nuestro “modus operandi”, era la siguiente: el me daba el texto a ilustrar, a veces con una foto o dibujo que debía copiar, y en otras yo debía leer el texto e imaginarme el dibujo que le haría. Fue así como un día me alcanzó una breve biografía de Manuel Eduardo Arias, con un dibujo recortado del diario. No conocía esa historia, que venía a explicarme por qué una calle de Orán llevaba su nombre, y me interesé por saber más. Fue entonces cuando el profesor me manifestó un anhelo: Orán le estaba debiendo un monumento ese héroe por todo lo que había hecho por nuestra Independencia.

No sé qué mecanismos internos suele funcionar dentro mío en esos casos (algún amigo lo denominó con cierta ironía “mesianismo”), pero pronto asumí como sueño propio la realización de ese monumento. Quería subsanar ese olvido histórico de Orán. Empecé a indagar, a buscar más datos sobre el personaje. Anduve por Humahuaca, Tilcara, San Salvador de Jujuy y Salta. Muchas fotocopias de libros, largas conversaciones con conocedores de la historia y también fotos de un par de bustos realizados en la provincia vecina. Como biografía, lo más completo que conseguí fue el libro del jujeño Félix Infante. Es que, curiosamente, donde encontré los mayores datos y las mayores honras al héroe fue en Jujuy, mientras que en Salta su figura estaba como oculta, aún cuando históricamente había sido uno de los más destacados capitanes de Güemes. Un primer informe de esa búsqueda lo he publicado en páginas de “Cuadernos del Trópico” bajo el título de “¿Quién fue Eduardo Arias?”, con algunas respuestas de historiadores salteños que no eran muy positivas, aunque sus argumentos eran bastantes discutibles.

Cuando formamos el grupo LEPEB (Letras por el bicentenario), en enero de 2010, pudimos dedicarnos plenamente a la investigación de lo ocurrido en nuestra región durante la guerra por la Independencia, destacando acciones y protagonistas de ese momento histórico. Allí surgió claramente la figura heroica de Manuel Eduardo Arias y su tenaz defensa del territorio, junto a los gauchos de Orán. Retomamos entonces la idea de un monumento en su homenaje para nuestra ciudad. Mi proyecto personal era un busto, por lo menos hasta allí podía alcanzar mi capacidad de realización. Pero el grupo pretendía un monumento ecuestre de gran tamaño como para ocupar el centro de una plaza, algo que excedía mis modestas posibilidades. Debido a ello, para concretar el proyecto grupal, acordamos con un conocido artista de Orán quien aceptó con entusiasmo la realización de la escultura. Sin embargo, pasaron dos años y la obra no aparecía en el horizonte, salvo algunos dibujos iniciáticos que nos mostró ante nuestra insistencia. Por supuesto, empezamos a dudar de su cumplimiento.

Fue entonces cuando decidí, por mi entera cuenta, la construcción de un busto en homenaje a Manuel Eduardo Arias, como era mi propuesta original. Si bien el proyecto, con sus bocetos gráficos, medidas y plan de realización, data del año 2017, recién pude emprender su concreción material en julio de 2018, con la ayudantía de mi amigo Damián Cortez, constructor y también artista plástico, con quien ya había trabajado en el monumento al aborigen. Lo que parecía una obra de corto plazo, terminó siendo un prolongado trabajo en el tiempo, con frecuentes y largas interrupciones motivadas por mis presentaciones literarias en otras ciudades y, en los últimos meses, por problemas de salud que me impedían trabajar normalmente. El terminado de la estatua, en el mes de febrero de 2019, coincidió con el rendimiento de mi cuerpo. Siguieron viajes urgentes a Salta y una delicada operación en mi columna. El busto de Arias, que ya tenía el visto bueno del grupo y un destino anunciado, quedó esperando en el patio delantero de mi casa, hasta tanto yo me recuperara de mi problema de salud.

El modo de realización de esta obra fue diferente al empleado en el Monumento al aborigen. Pero se lo contamos en una próxima entrega.

 

 

Santos Vergara 

 

 

 

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