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La seguridad y el entusiasmo de los voluntarios marcan el pulso de los Juegos

A 48 horas del comienzo de los Juegos Olímpicos de Río 2016 el enorme dispositivo de seguridad y la cordialidad de los voluntarios son lo más impactante de una olimpiada que no parece despertar gran entusiasmo entre los cariocas, al menos hasta el momento.

Pese a que los medios de comunicación locales le dan una gran difusión, no se percibe en la cotidianidad mayores referencias a los Juegos, al menos no es un tema de conversación entre los pasajeros de ómnibus o del subterráneo, más preocupados por la situación política y económica de su país que por las hazañas de las figuras del deporte.

Claro está que el seleccionado brasileño de fútbol, que busca el único título que le falta: la medalla de oro olímpica, no se encuentra en Río sino en Brasilia, en donde mañana debutará ante Sudáfrica por el grupo clasificatorio A.

Quizás su probable marcha ascendente en el torneo sea generadora de la euforia que por el momento no muestran los "torcedores", más preocupados por la suerte de sus equipos en el campeonato local.

La crisis política que derivó en la salida temporaria de Dilma Rousseff, los escándalos de corrupción que surgen cada semana con 50 dirigentes políticos investigados y, sobre todo, la incertidumbre sobre la situación social en lo inmediato no son el escenario más fértil para que los cariocas concentren su atención a en los Juegos.

Y no es casualidad que Río realice el primer Juego Olímpico que en las encuestas genere tanta adhesión como rechazo. Algo similar a lo ocurrido en el Mundial de fútbol 2014. Algo parecido a la división política del país, con sus manifestaciones a favor y en contra de la continuidad de Dilma.

El clima tampoco ayuda demasiado porque esta semana el cielo estuvo casi permanentemente cubierto, con lluvias intermitentes, y bastante más fresco de lo esperado.

El calor de los Juegos lo ponen hasta aquí el ejército de voluntarios que colabora con el Comité Organizador, que con la mejor sonrisa se prodigan en solucionar cualquier problema que se le presente a un visitante.

Otro ejército, más frío, se encarga de la seguridad junto con la policía estadual y municipal, y se lo visibiliza en muchos puntos de Río, desde los aeropuertos Santos Dumont o Galeao hasta Copacabana y de allí a Barra de Tijuca, a lo largo de un corredor demás de 25 kilómetros.

Las posibilidades de una acción terrorista en los Juegos no es para desdeñar, las amenazas de bomba son cosa de todos los días, aunque hasta ahora todas falsas, y Brasil invirtió mucho dinero en el tema seguridad. De allí la preocupación.

Lo que no es tan fácil de garantizar es la seguridad en otras zonas menos turísticas de Río como las favelas, en donde los enfrentamientos entre bandas son cosa habitual. Y en las que los Juegos no parecen importar mucho, ya que según testimonios no hay un solo cartel alusivo a los mismos.

Otra amenaza, la tan publicitada del Zika, parece hasta aquí un argumento de otra película. Porque ni se ven mosquitos. Una preocupación menos para norteamericanos y europeos, muy celosos con el tema, al punto que varias figuras del golf y del tenis no vinieron por ese motivo. Una pena, seguridad y sonrisas hubieran tenido de sobra.

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