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Poemas a la lluvia, por Churqui Choque Vilca

Compartimos inspiraciones sobre la lluvia de Germán Walter "Churqui" Choquevilca, poeta jujeño, nacido el 9 de abril de 1940 en Tilcara.

"CHURQUI" CHOQUE VILCA

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PRIMERA LLUVIA DE OCTUBRE

Rompió su verde corazón de octubre

en vellones oscuros de tormenta.

Tenía de horizontes verdes

la escondida matriz de la arboleda.

Una ilusión de pájaros tardíos

columpió las torcidas madreselvas.

Negros silencios colgaban de las sombras

como oscuros pendientes de culebras.

El trueno fue una larga dentellada;

el relámpago, los músculos del hombre,

y las manos del hombre una plegaria

en la tarde mural de las almendras.

Tenían los ojos honduras de mollares

y los pechos recintos de colmenas.

Parecían luciérnagas las rosas

y eran negros pañuelos las goteras.

LLUVIA

La lluvia es un telón de agua

rasgada por mil destellos

descolgados de los ríos

dorados que tiene el cielo.

Lluvia tibia del verano.

¿quién destrozó tus cabellos?

¿Tal vez los roncos latidos

del corazón de algún trueno?

¿O fue el relámpago de oro

Quien interrumpió tu sueño

con un torrente de luces

por la alta ojiva del tiempo?

¿Quizá la amarga plegaria

de los labios del labriego,

que humilde besó la tierra,

que triste sembró el silencio?

Lluvia tibia del verano,

corazón del mes de enero,

derrama en mis manos agua,

que no las seque el invierno.

Refresca la frente ardiente

del viajero del desierto,

mitiga la sed quemante

del que gime prisionero.

Detente en los labios rojos

De la niña de mis sueños,

Refréscale las mejillas,

Perfuma sus ojos negros.

Y NO ES LA LLUVIA

En cada vuelta que daban las esquinas

el silencio mordía las veredas

y en los negros zaguanes de las casas

parecía morir la primavera.

Y no es lluvia la que hay en esta tarde

sino un salmo otoñal de madreselvas.

A la sombra del árbol pensativo

sollozaban adioses las acequias

y la tarde acunaba su cansancio

sobre el pecho sediento de la arena.

Y no es lluvia la que hay en esta tarde

sino un cielo plomizo de tristeza.

Hasta el viejo callejón, donde tus pasos

transitaron mis sueños de poeta,

era un largo suspiro resignado

en el abismo duro de las piedras.

Y no es lluvia la que hay en esta tarde

sino un réquiem caído de hojas muertas.

Desde la gris espina de los cercos

hasta el polen sin luz de la colmena,

los pañuelos bordaban despedidas

como blancas bandadas de cigüeñas.

Y a la lluvia que tanto había esperado

la está llevando el viento hacia otras tierras.

No quisiste beber desde mi mano,

yo en la tuya bebí una vida entera.

Si fui culpable tendrás que perdonarme...

si no, que seas feliz, bendita seas.

Fuente: Choque Vilca, G. W. (2015) Churqui Choque Vilca: Obras completas. Jujuy: Cuadernos del Duende.

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