"CHURQUI" CHOQUE VILCA
PRIMERA LLUVIA DE OCTUBRE
Rompió su verde corazón de octubre
en vellones oscuros de tormenta.
Tenía de horizontes verdes
la escondida matriz de la arboleda.
Una ilusión de pájaros tardíos
columpió las torcidas madreselvas.
Negros silencios colgaban de las sombras
como oscuros pendientes de culebras.
El trueno fue una larga dentellada;
el relámpago, los músculos del hombre,
y las manos del hombre una plegaria
en la tarde mural de las almendras.
Tenían los ojos honduras de mollares
y los pechos recintos de colmenas.
Parecían luciérnagas las rosas
y eran negros pañuelos las goteras.
LLUVIA
La lluvia es un telón de agua
rasgada por mil destellos
descolgados de los ríos
dorados que tiene el cielo.
Lluvia tibia del verano.
¿quién destrozó tus cabellos?
¿Tal vez los roncos latidos
del corazón de algún trueno?
¿O fue el relámpago de oro
Quien interrumpió tu sueño
con un torrente de luces
por la alta ojiva del tiempo?
¿Quizá la amarga plegaria
de los labios del labriego,
que humilde besó la tierra,
que triste sembró el silencio?
Lluvia tibia del verano,
corazón del mes de enero,
derrama en mis manos agua,
que no las seque el invierno.
Refresca la frente ardiente
del viajero del desierto,
mitiga la sed quemante
del que gime prisionero.
Detente en los labios rojos
De la niña de mis sueños,
Refréscale las mejillas,
Perfuma sus ojos negros.
Y NO ES LA LLUVIA
En cada vuelta que daban las esquinas
el silencio mordía las veredas
y en los negros zaguanes de las casas
parecía morir la primavera.
Y no es lluvia la que hay en esta tarde
sino un salmo otoñal de madreselvas.
A la sombra del árbol pensativo
sollozaban adioses las acequias
y la tarde acunaba su cansancio
sobre el pecho sediento de la arena.
Y no es lluvia la que hay en esta tarde
sino un cielo plomizo de tristeza.
Hasta el viejo callejón, donde tus pasos
transitaron mis sueños de poeta,
era un largo suspiro resignado
en el abismo duro de las piedras.
Y no es lluvia la que hay en esta tarde
sino un réquiem caído de hojas muertas.
Desde la gris espina de los cercos
hasta el polen sin luz de la colmena,
los pañuelos bordaban despedidas
como blancas bandadas de cigüeñas.
Y a la lluvia que tanto había esperado
la está llevando el viento hacia otras tierras.
No quisiste beber desde mi mano,
yo en la tuya bebí una vida entera.
Si fui culpable tendrás que perdonarme...
si no, que seas feliz, bendita seas.
Fuente: Choque Vilca, G. W. (2015) Churqui Choque Vilca: Obras completas. Jujuy: Cuadernos del Duende.

