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Alejandra Pizarnik en 13 imperdibles poemas

Flora Alejandra Pizarnik ya en 1956 era una chica poco convencional: llevaba el pelo corto, se vestía de forma andrógina, era criticada por su forma de ser y su aspecto. Su frágil salud y su tendencia a la depresión marcaron su desenlace a sus escasos 36 años.

"Mata su luz un fuego abandonado.

Sube su canto un pájaro enamorado.

Tantas criaturas ávidas en mi silencio

y esta pequeña lluvia que me acompaña."

Poema "Despedida" de Alejandra Pizarnik.

Alejandra Pizarnik escribía en forma obsesiva. Lo que no quiere decir que escribía mucho sino que había temas a los que volvía una y otra vez: la infancia perdida, el silencio, la sexualidad desbordada, la locura y la muerte, como amenaza y como promesa.

Haber sido una artista precoz con trastornos psiquiátricos y haberse suicidado joven fueron condimentos esenciales para alimentar el ideal romántico y transformarla en un mito. Pero ella era de carne y de lágrimas, intensa y sanguínea, y su poesía está tremendamente viva.

La recordamos con 13 poemas:

DÍAS CONTRA EL ENSUEÑO

No querer blancos rodando

en planta movible.

No querer voces robando

semillosas arqueada aéreas.

No querer vivir mil oxígenos

nimias cruzadas al cielo.

No querer trasladar mi curva

sin encerar la hoja actual.

No querer vencer al imán

la alpargata se deshilacha.

No querer tocar abstractos

llegar a mi último pelo marrón.

No querer vencer colas blandas

los árboles sitúan las hojas.

No querer traer sin caos

portátiles vocablos.

Despedida

Mata su luz un fuego abandonado.

Sube su canto un pájaro enamorado.

Tantas criaturas ávidas en mi silencio

y esta pequeña lluvia que me acompaña.

Madrugada

Desnudo soñando una noche solar.

He yacido días animales.

El viento y la lluvia me borraron

como a un fuego, como a un poema

escrito en un muro.

Sólo un nombre

alejandra alejandra

debajo estoy yo

alejandra

Nada

El viento muere en mi herida.

La noche mendiga mi sangre.

El miedo

En el eco de mis muertes

aún hay miedo.

¿Sabes tú del miedo?

Sé del miedo cuando digo mi nombre.

Es el miedo,

el miedo con sombrero negro

escondiendo ratas en mi sangre,

o el miedo con labio muertos

bebiendo mis deseos.

Sí. En el eco de mis muertes

aún hay miedo.

La carencia

Yo no sé de pájaros,

no conozco la historia del fuego.

Pero creo que mi soledad debería tener alas.

12

no más las dulces metamorfosis de una niña de seda

sonámbula ahora en la cornisa de niebla

su despertar de mano respirando

de flor que se abre al viento

13

explicar con palabras de este mundo

que partió de mí un barco llevándome

15

Extraño desacostumbrarme

de la hora en que nací.

Extraño no ejercer más

oficio de recién llegada.

18

como un poema enterado

del silencio de las cosas

hablas para no verme

La palabra que sana

Esperando que un mundo sea desenterrado por el lenguaje, alguien canta el lugar en que se forma el silencio. Luego comprobará que no porque se muestre furioso existe el mar, ni tampoco el mundo. Por eso cada palabra dice lo que dice y además más y otra cosa.

La última inocencia

Partir

en cuerpo y alma

partir.

Partir

deshacerse de las miradas

piedras opresoras

que duermen en la garganta.

He de partir

no más inercia bajo el sol

no más sangre anonadada

no más formar fila para morir.

He de partir

Pero arremete, ¡viajera!

En 1955 publicó su primer libro de poemas: La tierra más ajena, de editorial Botella al mar. Cinco años después, con cuatro libros publicados, se trasladó a París. Allí trabajó para la revista "Cuadernos" y varias editoriales francesas, publicó poemas y críticas en varios diarios, tradujo a Antonin Artaud, Henri Michaux, Aimé Cesairé, e Yves Bonnefoy, y estudió historia de la religión y literatura francesa en la Sorbona. En esos años conoció a Octavio Paz, Julio Cortázar e Ivonne Bordelois. Volvió a Buenos Aires en 1964, conoció a su amiga Silvina Ocampo y publicó otras siete obras con poemas, escritos, relatos surrealistas y hasta novelas cortas. En 1971, recibió la beca Fullbright.

Falleció el 25 de septiembre de 1972, a los 36 años de sobredosis, después de ingerir 50 pastillas de Seconal.

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