Una estación de ómnibus que se cae a pedazos es el reflejo de un municipio que no progresa, esa es la imagen que se lleva la gente que arriba al lugar y se encuentra hoy con un edificio abandonado. Una realidad que si bien arrastra desde hace años, se profundizó en los últimos meses.
La postal es triste: Pisos y asientos sucios, techos oxidados, puertas que se caen a pedazos y hasta ventanas que no tienen vidrios. No hay resguardo del viento ni el frío.
Así la dejó la gestión de Alberto Ortiz y así está ahora. Pasaron por la intendencia Pablo Palomares y ahora Rubén Rivarola y ninguno hizo ninguna gestiones para concretar mejoras en el lugar.
Eduardo Guerrero, un boletero realizó duras críticas por esta situación: “La gente se cae, no arreglan nada, los techos se están cayendo. Necesitamos los arreglos que corresponden”.
“Los baños están cerrados, las puertas están rotas y nos robaron en la terminal, no hay ni policías que cuiden”.
Así lo dejó Ortiz y, así está ahora