Momentos

Una colectivera muy particular

Silvia, peleó meses por convertirse en chofer hasta que lo logro junto a un grupo de mujeres. La mujer tiene un trabajo de hombre y lo considera así, todos los días les regala sonrisas a sus pasajeros. Lo que más les gusta; las fechas especiales. Mirá el vídeo.

Silvia fue maestra de danza, su vida era el baile. Entre mucha normalidad y nada especial pasaban sus días, algo siempre la caracteriza: la sonrisa.

Su sueño de pequeña era ser camionera, lo único que se le parecía era conducir un colectivo. Cuando parecía que no se daba, encontró un grupo de mujeres que querían lo mismo. Tras tocar puertas mucho tiempo y en un hecho histórico, se convirtieron en las primeras mujeres en Jujuy en ser “colectiveras”.

Una vez que empezó su sueño, Silvia se propuso devolverle a cada pasajero la alegría que siente cuando maneja el colectivo. “Le intento sacar una sonrisa a todos. Quiero mostrarles que un día puede cambiar con una sonrisa. Quiero devolverle a la gente lo feliz que soy cuando cumplí mi sueño”, dijo.

No todos los días son buenos, pero la gente disfruta el recorrido desde los Perales hasta nueva terminal que es el lugar donde esta Silvia, las pasajeras las quieren tanto que le mandan mensajes quieren que ella las lleve.

“Me gusta conocer a la gente, charlamos y nos reímos”. Silvia se toma los momentos de relajación para pensar como sorprender a los chicos en los días especiales.

En el día del niño se viste de payaso para hacer jugar y repartirles caramelos a los chicos, en el Día de la Madre les regalo mariachis. Su historia es un ejemplo que colectiveros empiezan a copiar, un ejemplo que saca sonrisas y hace que un viaje en el colectivo se convierta en placentero.

La pregunta que nos queda es: ¿Qué se le ocurrirá a Silvia para la próxima fecha importante?, las pasajeras según sus testimonios, esperan con ansias que así sea para subir ese día al colectivo, cuando Silvia adorne con globos y afiches para homenajear a los pasajeros.

Mirá el vídeo.

Foto y vídeo enviado por una lectora: Olga Ramirez. 

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