Antes de seguir, quisiera ofrecer algunos números. La obra tuvo un contrato principal por 2.591 millones de pesos. Adicionales identificados: 615 millones de pesos. Total: 3.206 millones de pesos.
La vuelta al mundo de Jujuy con Lola Mora costó unos 7.773 millones de pesos
En los últimos días hemos asistido a un despliegue mediático considerable para convencernos de que la inauguración del Centro Cultural Lola Mora, según Gerardo Morales, marca un hito refundacional: el instante preciso en el que Jujuy presuntamente "vuelve al mundo".
En materia de honorarios profesionales figuran Pelli Clarke & Partners Canada Corp., con una addenda por 132.000 dólares, y Arturo Beccar Varela y Asociados, también con una addenda por 132.000 dólares. Sin embargo, existe una larga lista de ítems cuyo costo aún no ha sido rendido en este famoso regreso al mundo de Jujuy con el Centro Cultural Lola Mora: el importe del contrato principal con Pelli Clarke & Partners Canada Corp., el costo de las expropiaciones —que aún permanece desconocido—, la restauración y el traslado de las esculturas, el equipamiento museográfico, el mobiliario, los sistemas audiovisuales, los paneles solares, la torre eólica y las redeterminaciones de precios.
Si tomamos el contrato original de 2.591 millones de pesos, el orden de magnitud de la redeterminación, en un escenario intermedio entre agosto de 2022 y diciembre de 2025, arroja un importe actualizado de aproximadamente 7.773 millones de pesos.
Se nos pretende vender una narrativa oficialista donde un complejo arquitectónico de envergadura funciona como una suerte de salvoconducto automático hacia la modernidad, el prestigio internacional y la sofisticación cultural. Sin embargo, cuando uno rasca apenas la superficie de ese discurso y lo analiza desde una lectura política profunda, despojada del marketing gubernamental, la realidad institucional y social que se vive en el territorio muestra una postal profundamente contradictoria, preocupante y, sobre todo, insostenible.
Cabe preguntarse con absoluta seriedad: ¿a qué mundo pretende integrarse la provincia cuando los cimientos de esa supuesta proyección carecen de la solidez institucional más elemental? El discurso del poder busca construir un espejismo de progreso cosmopolita que choca de frente con la cotidianeidad de las comunidades.
La política, con mayúsculas, no se agota en la foto del corte de cinta ni en la estética imponente de las grandes obras emblemáticas. Cuando un gobierno intenta utilizar la infraestructura cultural como una cortina de humo, lo que hace es apelar a una táctica histórica de la demagogia: sustituir la sustancia de la democracia por la espectacularidad visual.
La verdadera inserción de un Estado provincial en el escenario global jamás se ha medido en metros cuadrados de hormigón ni en el renombre de los arquitectos contratados; se mide en la solidez de sus instituciones, en la independencia real de los poderes del Estado, en la transparencia de sus actos y en el respeto irrestricto de los derechos fundamentales de sus habitantes.
En este punto, las contradicciones políticas del oficialismo se vuelven clamorosas. No se puede enarbolar la bandera de la apertura internacional y la sensibilidad artística con la frente alta mientras el propio gobernador y su estructura de gestión arrastran imputaciones y cuestionamientos severos en causas como la de Caspalá.
Resulta un ejercicio de cinismo inaceptable que se hable de orgullo y cultura universal al mismo tiempo que una comunidad declarada por la Organización Mundial del Turismo de las Naciones Unidas como uno de los pueblos más bellos y preservados del planeta haya sido escenario de atropellos, avances estatales intempestivos, denuncias de uso discrecional de la fuerza pública y represión contra sus pobladores para avanzar sobre tierras comunitarias y ancestrales.
¿De qué regreso al mundo nos hablan cuando el emblemático reconocimiento concedido por la UNESCO a la Quebrada de Humahuaca se encuentra en riesgo permanente debido al abandono estatal, el descontrol territorial, la proliferación de asentamientos ilegales y la ausencia de una planificación seria que resguarde el patrimonio tangible e intangible de la región? Se trata de un doble rasero utilitario, donde el patrimonio importa únicamente cuando alimenta el relato turístico, pero se avasalla o se posterga cuando entra en conflicto con la voluntad y las decisiones de la caja política.
Desde una perspectiva de calidad democrática, el balance resulta todavía más desolador. En Jujuy hemos presenciado, a lo largo de los últimos años, la consolidación de un esquema de poder caracterizado por la cooptación sistemática y la pérdida de independencia de los órganos de control judicial y administrativo. Un diseño institucional donde quienes intentan ejercer su rol fiscalizador o manifestar disidencia terminan enfrentando el amedrentamiento, la persecución o la amenaza latente.
Mientras el aparato oficial celebra obras de vanguardia y gasta fortunas en propaganda, los barrios, las periferias y las comunidades conviven diariamente con un entramado de inseguridad, marginalidad y avance del narcotráfico que no encuentra respuestas de la misma magnitud ni la misma prioridad en la agenda gubernamental.
Pretender resguardarse en la figura libre, rebelde y transgresora de Lola Mora para legitimar este escenario de arbitrariedad constituye un contrasentido histórico y ético de enormes proporciones.
Lola Mora fue una artista que, en su época, desafió a las élites y sufrió la incomprensión y el castigo del poder conservador. Utilizar hoy su obra como un escudo protector para encubrir la degradación de las libertades civiles es manchar el verdadero sentido de su legado. El arte, la libertad creativa y el desarrollo cultural no florecen en el vacío ni bajo el amparo de la propaganda oficial; requieren un clima de institucionalidad, consulta previa a los pueblos originarios y un apego estricto a las garantías constitucionales.
Jujuy no regresará al mundo de la mano de una gran pared ni de un imponente edificio de vanguardia, sino el día en que recupere la plena salud de sus instituciones, restablezca la división de poderes y devuelva la dignidad y el respeto irrestricto a los derechos de toda su gente.

