Punta Corral: Devoción y fe
Una semana antes de las Pascuas, miles de jujeños y promesantes de todo el país llegan a la localidad de Tumbaya para cumplir sus promesas con la “Virgen de Copacabana de Punta Corral”.
La devoción nace hace muchos años atrás, allá por 1880, aunque la historia de la Virgen no da fechas precisas de su aparición. Su leyenda está envuelta de mucha fe y devoción, la misma que año trasaño renuevan los promesantes que caminan 40 kilómetros por senderos de montaña, para llegar a los 4.300 metros de altura y honrar a la “mamita del cerro”.
Las primeras noticias y por lo común borrosas y contradictorias de su aparición y su historia milagrosa, motivan a muchos jujeños ir en su búsqueda intentando alcanzar su bendición.
El sacrificio que demanda llegar hasta Punta Corral es grande; del mismo tamaño debe ser la fe que uno lleva para llegar hasta el lugar donde se levanta la capilla.
Según relatan los pobladores de Tumbaya, la Virgen se le apareció al pastor Pablo Méndez, que vivía por la zona junto con sus padres y hermanos. En esa ocasión, la Santa Madre estaba íntegramente vestida de blanco y le dijo al joven pastor que volviera al día siguiente para buscarla. Aturdido por la aparición y para no extraviar el lugar, Méndez, amojonó (juntó) en el lugar piedras formando una especie de “apacheta” y se marchó. Al volver al día siguiente, el montículo de piedras ya no estaba, solo halló una piedrita que se parecía a la imagen de la “Virgen de Copacabana”.
Presuroso bajó hacia Tumbaya, y en la capilla mostró la preciada carga al sacerdote, y este le pidió que la dejara a su cuidado. Al día siguiente la piedra desapareció y nuevamente fue hallada en el lugar de su aparición.
La noticia corrió rápidamente por el pueblo y los lugareños, consideraron que la Virgen quería quedarse en ese lugar donde apareció. Con el tiempo, levantaron una capillita que se desmoronó por su precariedad. Años más tarde, es nuevamente levantado el templo por don Jacinto Torres, en agradecimiento por haber recobrado su salud, luego de una promesa hecha a la Virgen.
Así fue tejiéndose la historia de la Virgencita. En los primeros años del siglo XX, ya se hablaba de las primeras peregrinaciones que se intensificaron por la década del 40.
No es fácil peregrinar hasta Punta Corral. Por ello se recomienda hacerlo con fe y sacrificio y así lo entienden los promesantes, esclavos y miles de creyentes en la Virgen que se preparan mucho tiempo para caminar de 8 a 12 horas por caminos inhóspitos, cruzar ríos y trepar laderas de cerros.
La procesión comienza generalmente el día viernes, pudiendo realizarse el asenso por tres caminos alternativos. El más concurrido es el que parte desde Tumbaya. Frente al pueblo cruzando la Ruta 9, uno comienza el ascenso atravesando el Río Grande que habitualmente es accesible, por cuanto se monta una especie de pasarela flotante. Por camino de playa de río ascienden los primeros tramos que se hace dificultoso por abundancia de piedras de todos los tamaños.
El primer trayecto se realiza un en zig zag que el lugareño denomina las siete vueltas. Se realiza en una hora y media de camino, hasta llegar al primer calvario donde el peregrino hace un breve descanso. Se llama “Calvario” a la Cruz Grande donde existen pequeñas construcciones de piedra, donde habitualmente se sirven comidas, café caliente y bebidas.
Estas construcciones se irán repitiendo estratégicamente a lo largo de todo el camino, hasta llegar a Punta Corral. En los distintos calvarios, también se levantan rústicos altares cuadrangulares, de piedra con adornos de baldosas mayólicas y relieve, que sirven para depositar las andas con las imágenes de la Virgen, cuando la procesión se realiza.
Así se van sucediendo los “calvarios”, en un total de cuatro, que están escalonados a distancias convenientes para que alivien la fatiga de la marcha cada tres o cuatro horas.
El de Chilcagua o agua bendita está a la vera del camino. La tierra y el cansancio influyen sobre el peregrino, ya que está ubicado prácticamente a mitad del camino en ascenso.
Después de ocho a 12 horas de caminar, dependiendo del ritmo que el peregrino lleva, se llega hasta el poblado de Punta Corral. De una distancia de unos quinientos metros ya se divisan las pequeñas casas, también construidas de piedra y una Capilla que da espaldas al camino de ingreso, a donde se arriba cruzando un pequeño lecho de río.
Por las noches, las luces de las velas y faroles de los promesantes, suelen individualizar fácilmente la proximidad del pueblo y los “calvarios”. En general, estos lugares suelen ser descanso de las bandas de sikuris que conformadas por entre 50 a 100 músicos ascienden y descienden al ritmo de villancicos y cánticos religiosos.
En la Capilla se encuentra la imagen de la Imagen de la Virgen,con su carita de muñecas, el manto bellísimo, la corona, el bastón, los accesorios de plata, como los rayos o reflejos que la rodean, la estilizada luna en menguante que se tiende a sus pies y los numerosos exvotos que junto con una especie de ancho mimo, cubren las partes visibles de camarín.
Los otros ascensos se pueden realizar por la localidad de Tunalito y por Tilcara, que para algunos peregrinos significa cubrir la misma distancia pero en menor tiempo y con mayor esfuerzo.
El cansancio se hace sentir cuando por Tunalito se empieza a bordear un empinado cerro, pasando por dos Calvarios donde se puede descansar poco tiempo porque son muy estrechos y no hay lugar para todos los peregrinos que ascienden. La distancia es mayor y el ascenso se puede hacer en cuatro o seis horas dependiendo del estado físico de la persona y la carga que lleve sobre sus espaldas.
Por Tilcara, el camino es más llano e invita a caminar con tranquilidad, a pesar de que es más largo. El ascenso es recomendado sobre todo para personas mayores ya que la topografía del lugar es más aliviada para el caminante.
El retorno de Punta Corral se produce el Domingo de Ramos. A las Seis de la mañana los peregrinos empiezan a levantar carpas y a caminar. En el trayecto se forman largas filas para cargar a la virgen que tapada con un manto blanco es traslada por los esclavos hasta el primer calvario (de retorno), donde recién el público pueda cargarla. A las siete de la mañana sale la peregrinación desde Punta Corral. Aproximadamente a las 17 horas arriba a Tumbaya, donde se la espera al ritmo de las bandas de sikuris y un imponente arreglo floral sobre la Avenida principal que ingresa al pueblo.
Allí es recibida por el obispo, los sacerdotes, otros miles de devotos y turistas que llegan para brindar su devoción a la Virgen. En la ocasión también se realiza la tradicional bendición de ramos y pasada las 19, la gente empieza a retornar a sus lugares de orígenes.

