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Lana de vicuña: primeros pasos en la producción del “oro que camina” en la Puna

Tras dos años de preparación, comunidades del norte jujeño, con apoyo estatal, realizaron la mayor esquila de los últimos tiempos, iniciando un recorrido que podría desembocar en un fenomenal negocio: una prenda de vicuña cotiza hasta 30 mil dólares en el mercado europeo.

Algunos lo llaman el oro que camina. Otros hablan de sus cualidades térmicas para brindar calor en los ásperos inviernos de la puna y frescura ante los potentes rayos de sol del altiplano al mismo tiempo.  

Lo cierto es que la fibra de vicuña es uno de los productos textiles más finos y de mayor cotización en el mundo y, como tantas otras concesiones que nos hizo la naturaleza, una reserva de 100 mil ejemplares del hermoso camélido se encuentra en el norte de la provincia de Jujuy.

Celebridades como Bill Clinton, Jack Nicholson o Al Pacino, describen con su nombre el target de clientes que encuentra una prenda realizada con las más fina fibra de vicuña.

Frente a esto, tanto las comunidades de la puna como las autoridades de la provincia son conscientes de dos cosas: existe un enorme potencial pero al mismo tiempo resta un extenso camino para lograr el desarrollo a través de su producción.

Por esta razón, alrededor de 100 personas pertenecientes a nueve comunidades puneñas, junto a otras tantas salteñas y bolivianas, bajo la coordinación de la Secretaría de Gestión Ambiental, se capacitaron a lo largo de dos años para emprender el arreo, la esquila y liberación de aproximadamente 200 vicuñas, acontecimiento que finalmente se concretó este sábado 15 de noviembre, en la localidad de Suripujio, en el departamento de Yavi, a 30 kilómetros de La Quiaca.

El proceso

El largo período de preparación se debe a las características especiales de un animal silvestre, difícil de atrapar por su rapidez y temor a la presencia del ser humano.

Según los especialistas, las circunstancias que afectan el entorno natural del camélido, posteriormente influye genéticamente en el la lana que desarrollan, en consecuencia,  alteran la calidad del preciado producto.

Ese fue el motivo del arduo despliegue que realizaron los productores de la zona al construir un cerco valiéndose de una malla de 3 kilómetros de longitud sostenida por postes, que se constituyó en el primer gran corral de las vicuñas.

Posteriormente, los 100 productores abocados a esta empresa, fueron encerrando a los animales formando una “manga” compuesta por personas, tras una vigilia de madrugada en la que se impidió el paso de cualquier intruso que pueda espantarlos, hasta que el extenso cerco se convirtió en un pequeño corral que contuvo los ejemplares.

Se trata de un proceso ancestral, que en períodos prehispanos se denominó “Chakú”.

De allí iban saliendo una a una las vicuñas, que tras la revisión, fueron esquiladas por productores oriundos de las comunidades puneñas.

“Queremos que los jóvenes se queden aquí”

Si bien cada protagonista mostró una razonable cautela ante la posibilidad de generar riqueza a través de la fibra de vicuña, la inmensidad de la puna trasluce bellos paisajes combinados con la ausencia casi total de servicios esenciales. Es allí donde apuntan los pobladores de la zona.

 “Necesitamos una antena satelital que nos conecte con el mundo, por ejemplo”, afirmó Rosa Tolaba de Ramos, presidenta de la comunidad de Azul Casa, protagonista activa de la esquila.

“Nos llevó 5 años entender que la vicuña es fuente de proyectos para beneficiar a las comunidades. Creemos que sería una ayuda para los Colegios, para las salas, ya que nuestros jóvenes se van para Jujuy (Capital), Salta o Buenos Aires porque no tenemos fuentes de trabajo. Queremos que se queden aquí”, manifestó.

Pese a que los puneños no se caracterizan por su verborragia, la respuesta se repite ante cada consulta para los productores: buscan oportunidades de desarrollo y progreso, pero en sus lugares de orígenes.

Primeros pasos

La vicuña es una animal silvestre, que habita en el altiplano andino. El preciado valor de su pelaje la llevó a encontrarse en peligro de extinción a raíz de la caza furtiva, allá por la década de 1970. Esto fue motivo de legislación y convenios internacionales entre los países sudamericanos que albergan al animal, y que en Jujuy se replican a través de leyes de nacionales y provinciales orientadas a su preservación.

El éxito de las normas en la preservación de la especie, ahora debe acompañarse con políticas de desarrollo que trasladen los beneficios de la cotizada lana a los habitantes de la Puna.

En este contexto es que se explica la importancia del acontecimiento celebrado en Suripujio.

Entre los progresos en este sentido, se encuentra el extremo cuidado que se le brinda en todo el proceso al animal, sumado a la colocación de un chip, que tiene la función de crear un registro de la evolución de cada vicuña que podrá ser evaluado en el momento de recapturarla, llegado el momento de una nueva esquila.

Las comunidades por lo pronto planean conservar los kilos de lana que se resultarán de la reciente esquila, y definir en conjunto su destino. Se sabe que anhelan crear productos que puedan ser utilizados por ellos mismos como primer paso, en una suerte de puesta en valor de su identidad.

El sello que convierta los kilos de lana de vicuña en una marca perteneciente a cada comunidad, es otro de los objetivos señalados en el mediano plazo. Son todas acciones conjuntas que apuntan a incrementar aún más su valor.

Se trata de una actividad que se encuentra en una etapa de gestación, aunque augura un futuro promisorio.

Una mejor calidad de vida, es el objetivo que se pone en el horizonte de los puneños.

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