Un ejemplo de resistencia cultural
Un año más los bellos paisajes del pueblo quebradeño fueron escenario para el Encuentro de Copleros, una manifestación que surgió en el año 1984 de manera espontánea y continúa más vigente que nunca.
Cerca de 600 copleros se dieron cita en Purmamarca para reconfirmar su amor al canto y a la copla en el marco del 34to “Encuentro de Copleros”. Esto luego de que el año pasado la organización determinara su suspensión, en solidaridad con los pueblos que habían sufrido las inclemencias de la naturaleza: Bárcena, Tumbaya y Volcán.
La lealtad que mantienen los copleros se debe a que es el único evento que renace en cada edición de manera auténtica y genuina. Sin escenarios, sin micrófonos, lejos de lo comercial y manteniendo siempre sus características iniciales.
A su vez, no es de carácter competitivo, todos los copleros que llegan desde distintos puntos del norte argentino, son protagonistas. Es gracias a su presencia que la copla se reivindica y se alza en alto cada año.
En esta oportunidad nos encontramos con copleros de Yavi, Abra Pampa, Casabindo, Juella, Tilcara, La Quiaca, Santa Catalina, San Salvador, e incluso la provincia vecina de Salta.
Un coplero de La Quiaca se refirió a cómo son los días previos de preparación para “la cajeada”.
“Lo que hacemos es ‘retobar’ la caja, que significa arreglar la caja. Si la cuidas te puede durar 2 o 3 años, no hay que hacerle dar mucho el sol porque el cuero se reseca. Después para una mejor vibración del sonido hay que tensar unos cueritos que tienen al costado de los hilos. Cuando tenés bien la caja, recién podes largarte a cantar, no tiene que sonar como bombo”.
Para muchos se hizo larga la espera para volver a reencontrarse, luego de la pausa de 2017. Algunos se hacen amigos y sólo se pueden ver una vez al año, justamente en este Encuentro.
Algo para destacar es que no sólo las cajas son el instrumento predilecto; también están quienes llevan “erkenchos”, el perfecto complemento. “A donde veas una cajeada si no hay un erkencho, es porque algo falta”, dicen los que saben.
Algo que no debemos olvidar es que la primera música que se escuchaba en el norte provenía solo del canto de las coplas y el sonido de las cajas (herencia de los incas). Los instrumentos criollos como guitarras y bombos todavía eran desconocidos.
Por todo esto, es que los copleros son un auténtico ejemplo de resistencia cultural y su legado y aporte a nuestra historia es fundamental; ellos son los dueños de una sabiduría milenaria que subsiste.

