La realidad golpea de frente en Jujuy y lo que hoy escuchamos no es solo un reclamo vecinal: es el grito de una provincia que se siente a la deriva frente a una inseguridad que parece haberle ganado la pulseada al Estado. El escenario que se describe es el de un delito creciente, potenciado por el flagelo del alcohol y la droga, que ha tomado las calles de Palpalá, Perico, San Pedro y hasta el norte provincial, mientras la respuesta oficial parece limitarse a actos protocolares y promesas de mayor presencia policial que nunca terminan de materializarse.