Juventus-Liverpool, por la grandeza de la cita, una final de la Copa de Europa, fue la tragedia más representativa, donde los medios emitieron en directo una vergüenza que comenzó una hora antes del inicio del partido, cuando los aficionados más radicales del Liverpool, algunos en estado de embriaguez, lanzaron objetos y se abalanzaron sobre hinchas del Juventus que ocupaban una zona diferente del campo.
Los hinchas del club italiano, en su intento de protegerse de los hooligans, se acumularon aprisionados contra el muro en el que finalizaban las gradas y contra las vallas protectoras que las separaban del terreno de juego.
Esas vallas, fijas y sin salidas de emergencia, fueron una trampa para cientos de personas que sufrieron la presión del empuje de otras miles. Además, la situación encrespó a multitud de hinchas situados en diferentes partes del estadio, que llegaron a saltar al césped armados con palos y otros objetos con la intención de agredir a los aficionados del equipo contrario, que culminó con el cierre de los accesos a la zona de la grada donde se habían producido las avalanchas. El objetivo era evitar que entraran más efectivos. Sin embargo, la superficie se convirtió en una jaula en la que murieron 39 aficionados del Juventus. La mayoría por asfixia y aplastamiento. Además, se sumó la elevada cifra de 600 heridos.
Los clubes y los futbolistas se negaron a jugar. Pero, al final, el choque se disputó. En el minuto 58, un penal inexistente sobre Boniek sirvió a Platini para hacer el único tanto de un partido marcado para siempre por la tragedia.
La UEFA sancionó a los clubes ingleses sin poder disputar partidos europeos durante cinco años. Al Liverpool le cayeron diez años que posteriormente fueron rebajados a seis. El dominio del fútbol inglés, con siete campeones de Europa en las ocho últimas ediciones, se cortó en seco.
FUENTE: TYC SPORTS