Sin ir muy lejos, solo en los últimos días hubo muchos casos: una madre y su pareja atacando a un profesor en un colegio de Palpalá, estudiante atacada con una trincheta por una compañera en un establecimiento de El Carmen, y un alumno que llevó un machete a la escuela en San Pedro.
Análisis de la situación
Radio 2 dialogó con la psicopedagoga Alejandra Julián, quien advirtió con preocupación que los hechos de violencia en las escuelas se están acrecentando de manera preocupante y que la sociedad y las autoridades están actuando como meros "espectadores".
Señaló que las políticas actuales son efímeras y superficiales; y las soluciones no se logran con "un panfleto, una foto y una sola charla".
Expuso que la era digital está interpelando fuertemente las emociones de los chicos. A esto se le suma un entorno social individualista y la realidad socioeconómica: debido a los sueldos magros, los padres pasan muchas horas fuera de casa y los jóvenes crecen en soledad, cuidándose entre ellos.
Julián afirmó que las redes de contención social y estatal están rotas o no dialogan entre sí: cuando un alumno tiene un problema emocional, las áreas de Salud y Educación se encuentran completamente desconectadas, impidiendo un abordaje integral del joven y su familia. Además, el personal escolar está capacitado pero se encuentra desbordado. No se le puede exigir al docente que esté atento a absolutamente todo; es una mochila muy pesada y necesitan equipos de apoyo para detectar los casos y hacer derivaciones a tiempo.
Por otra parte, la profesional hizo mención a otro problema: alumnos que dejan de asistir a los establecimientos por acoso, fobia social o ansiedad. Dijo que muchos de estos estudiantes terminan derivados a la modalidad de educación hospitalaria o domiciliaria, convirtiéndose en pacientes a largo plazo, algunos llevan de 3 a 4 años en este sistema.
Para revertir esta situación, la licenciada propuso un cambio de paradigma donde "el consultorio a puerta cerrada salga a la arena social”. Busca implementar de manera permanente —tanto en primaria como en secundaria de escuelas públicas— espacios lúdicos y de recreación donde se pueda generar empatía, contener emocionalmente al alumno y captar sus problemáticas antes de que deriven en un hecho de violencia.