Se trata de Doña Angélica, quien comercializa bollos a las afueras del mercado ubicado en calle Zegada hace más de 50 años. La vendedora ambulante dice padecer una discapacidad y que esta es su única fuente de ingresos, lo que le genera angustia y temor.
Ella inició una lucha para quedarse en el lugar, señalando que tienen todos los permisos municipales al día e incluso cumplió con el último empadronamiento que habían solicitado. La situación llegó al límite de que se encadenó para que no la despojen del lugar.
Solución al pedido de Doña Angélica
Este jueves se conoció que la vendedora de bollos logró que la dejen estar en el lugar de siempre.
Su sobrina, Agustina Mamaní, explicó que llegaron a un acuerdo donde se establece que tanto ella como una comerciante de flores compartirán el espacio en cuestión.
Contó que el municipio le solicitó el uso de una vitrina de dimensiones más reducidas para no obstruir el paso ni afectar la visibilidad del otro comercio.
Dijo que aunque la Jefa de Inspectores dio el visto bueno verbal, las vendedoras aguardan la inspección final para el "ok" definitivo sobre la disposición de los elementos de venta.
Por su parte, Angélica relató con emoción el esfuerzo que realizó para defender su derecho al espacio que ocupa hace años. Indicó que hizo todo por defender su único medio de vida.
Para cerrar, invitó a sus clientes habituales a volver a su puesto tradicional, asegurando que, mientras la municipalidad se lo permita, ella seguirá ofreciendo sus productos "en su lugar de siempre".