Política | Política |

Dos testimonios que muestran la impunidad policial y militar

Se realizó esta mañana la décimo quinta audiencia de los juicios por delitos de lesa, que lleva adelante el Tribunal Oral Federal de nuestra ciudad. Ocho eran los testigos previstos para hoy de los cuales, por diversos motivos,  sólo declararon tres.  

Tres  testimonios contundentes, con nombres de personajes y detalles de los hechos, mezclados con el dolor y la angustia, fueron brindados por Juan Felipe Noguera, José Santiago Abán y el Dr. Carlos Alberto Cardozo.

Juan Felipe Noguera es un ex militante de la Juventud Peronista, que también sufrió en carne propia el encierro, la tortura y los tormentos de la dictadura.

Noguera fue detenido tres veces en el lapso del 3 de julio de 1974 al 26 de mayo de 1978, oportunidad que fue liberado por última vez, luego de ser trasladado a La Plata donde pasó los últimos meses de encierro.

“He sido, soy y seré un militante peronista” comenzó declarando y recordó que su primera detención fue cuando  tenía 19 años y militaba en la Juventud Peronista. “Tratamos de cambiar la realidad para ayudar a la gente. Trabajábamos en los barrios para ayudar a la comunidad, a través de la actividad política” sostuvo.

“Estábamos haciendo una marcha por la muerte de Perón, desde Mariano Moreno hasta el centro y en Otero y Güemes hicimos una pintada. Policías nos agarraron a golpes y patadas. Luego nos llevaron a la Brigada de investigaciones, entre Belgrano y Alvear; nos volvieron a  golpear y nos torturaron. De allí nos llevan a Gorriti, y a mi me alojaron en el pabellón de menores” recordó haciendo mención al día de su primera detención.

Entre sus torturadores, mencionó a un tal Mario Gutiérrez sindicado como el jefe del servicio de inteligencia.

La sgunda detención fue en noviembre de 1974, y estuvo a cargo de cuatro policías de la Federal que se movilizaban en un Ford falcón. “Lo primero que recibo es un piñón y en el auto me comenzaron a golpear. Me llevaron a la Federal a una celda, acusado de pintar paredes” relató.

Recordó que en una oportunidad el entonces jefe de la Policía Federal, les dijo que “estaba castigado en Jujuy” y les agradeció porque por haber descubierto una célula subversiva lo iban a mandar de nuevo a buenos Aires.

La tercera detención se produjo cuando trabajaba con el Dr. Ciro Farfán.  Ese día salía de Tribunales, después de realizar unos trámites. Iba por la calle San Martín cuando se acercó un patrullero, le preguntaron si era Juan Felipe Noguera y le dijeron que quedaba detenido. “Un abogado venía en sentido contrario, el Dr. Meyer, y le dije: Dr. Me llevan detenido, y estos son papeles del Dr. Farfán entrégueselos”, comentó el testigo.

El día que falleció su padre se enteró de la muerte a las siete de la mañana, escuchando radio. Lo autorizaron a ir al velorio toda la noche, pero lo llevaron esposado y así estuvo hasta las 8 de la mañana.

Noguera reconoció durante su detención a tres personas nombradas permanentemente en este juicio, Jones Tamayo, Mariano Braga y Carlos Bulgheroni, como los hombres que lo indagaron en varias oportunidades cuando estaba preso en la Unidad carcelaria del barrio Gorriti.

A uno de ellos, Jones Tamayo, dijo que volvió a encontrarla muchos años después en una iglesia de esta ciudad, cuando se dio vuelta para darle la paz. “Me doy la vuelta y lo veo, era Jones Tamayo, y le digo, a usted no le doy la mano porque es un asesino”, contó.

Noguera hasta hace pocos años también se encontraba con uno de sus verdugos, un tal Mario Gutiérrez, que durante la época militar permanentemente lo vigilaba y lo amenazaba, a tal punto que un día llegó hasta la fábrica de plástico donde trabajaba, pidió hablar con el dueño y le dijo: “en su fábrica usted tiene trabajando un subversivo”, a lo que el empresario le respondió “retírese, porque a mí no me está haciendo nada”.

También recordó que su madre, era quien iba a hablar con Bulacios para poder ingresar a verlo en el penal de Gorriti. En una oportunidad, recordó que este militar le dijo  que no lo buscara más y se dedicara a la vida de sus otros dos hijos, porque yo ya no existía”.

En su primer encierro, destacó que estuvo preso con el Dr. Ovando,  Esteban León de Palpalá, Guerrero, Villarroel, Núñez, Saracho de Libertador, detenidos de  El Aguilar, con el Dr. Luis Aredes. “Lo vi en Gorriti, charlamos y sabíamos que él estaba marcado, fue muy golpeado.  Fue un argentino de bien, bien parido, siendo un profesional atendía a los chicos, fue un gran intendente”, recalcó.

Haciendo referencia a las personas que supuestamente estaban “marcadas” dijo que en una oportunidad, cuando lo trasladaron al Aeropuerto El Cadillal, le afirmaron que estaban con ese sello, Tilca, Aredes y Bravo. “Nos dijeron que estaban marcados varios y el castigo era para ellos. Cuando lo subieron  al avión, los golpearon, los pisaron y los hacían cantar en el vuelo. El personal militar de ese vuelo, recibía gente marcada por militares de Jujuy”, sentenció.

En otro tramo de su declaración mencionó explícitamente a Mariano Braga, al que identificaba como “cara cortada”. “Todos le decíamos así".

El segundo testimonio le correspondió a José Santiago Abán, detenido el 27 de octubre del 76, mientras se encontraba estudiando en la Escuela Técnica de Maimará. En ese momento era militante del partido Comunista.

“De allí me llevaron a mi casa y luego a Humahuaca, donde me toman declaración y luego me trasladan a Jujuy a los seis días. Entre el 5 y 6 de diciembre lo llevan a Gorriti, desde donde lo trasladan dos veces al Aeropuerto El Cadillal, supuestamente para trasladarlo a La Plata, pero que nunca llegaron los aviones.

El 17 de julio del año siguiente recobra su libertad. Entre aquellos con quienes compartió el encierro, mencionó a Mamani Rosso, Rosalino Ríos y los hermanos Galeán, entre otros.

Finalmente,  declaró el Dr. Carlos Alberto Cardozo, quien recalcó: “tengo la necesidad de estar aquí y contar lo que pasó en mi vida, porque pasaba en la provincia y en el país, particularmente en Ledesma”.

Cardozo, se recibió de médico en el año 1971, y se radica dos años más tarde en Ledesma, donde presta servicio en un puesto de salud y luego ingresa a trabajar en la empresa azucarera.

Al poco tiempo de desempeñarse en este centro empresarial, lo llama el director de la empresa y lo despide porque lo consideraba como “subversivo”.

Recordó que el día que se produce la muerte del General Perón, estaba en Ledesma, y se sorprendió por la reacción de la población, que instala una capilla ardiente en la sede del sindicato donde realizaron un sepelio simbólico del general, paralizando la actividad en la fábrica.  Allí conoce al Dr. Luis Aredes con quien traba amistad y luego trabajan juntos.

Hace mención también del cambio radical en la conducción del sindicato azucarero, destacando que era la primera vez que había una Comisión Directiva que no respondía a la patronal.

En octubre del 78 es detenido y procesado porque fue considerado como “riesgo potencial”, quedando a disposición del PEN. Es alojado en el pabellón 3 de Gorriti. “Allí hemos conocido lo que es el horror en la cárcel, por las torturas que sufrimos”.

Al año fue liberado, vuelve a Jujuy a recuperar su trabajo, su vida y todo lo que había perdido durante esta época.

Temas

Dejá tu comentario