Morales habla como desde el exilio, pero no desde algún lugar escribiendo sus memorias; lo hace mediante entrevistas oscuras, lógicamente, porque ya que no puede transitar las calles como ciudadano común, tal es así que ni los propios quieren compartir una foto con este señor…
Morales no se jubiló, lo jubiló la gente
Cuando Morales dice “yo me jubilé”, en términos políticos hay una jubilación que no la otorga ningún organismo previsional: la otorga la sociedad, cuando un dirigente, como es el caso de Morales, pierde capacidad de representar, entusiasmar y, menos, construir futuro.
Los datos son contundentes, ya que en 2025, con Morales jubilado, el radicalismo sacó el 38,31 por ciento y La Libertad Avanza cerca del 21 por ciento. Imaginemos el resultado de aquella elección con Morales activo: la catástrofe hubiera sido aún peor…
Es que la sociedad decidió jubilar una determinada manera de hacer política que no es, como dice este señor, que dejó una Ferrari. Lo jubilan porque dejó activada una bomba de tiempo que, vaya a saber Dios, quién la desactiva…
Morales construyó una identidad muy fuerte en Jujuy, pero esa fortaleza se convirtió en debilidad cuando la gente interpretó que su ciclo autoritario en Jujuy está terminado.
Sin embargo, simultáneamente, Morales dice que uno nunca se jubila de la política, pero la gente ya no está dispuesta a renovar indefinidamente el mismo contrato político.
Morales se ha convertido hoy en el principal techo electoral del radicalismo. La jubilación más importante no la firma un expediente: la firma el voto de la gente.
Pero no solamente los jujeños jubilaron a Morales, sino también el país. Su delirio presidencial terminó chocando contra una realidad, ya que este señor llegó a imaginarse como una figura capaz de disputar la conducción de la oposición y gastó fortunas de las que nunca rindió cuentas, y terminó de segundo de Horacio Rodríguez Larreta, perdiendo por paliza frente al binomio Bullrich-Petri en las PASO de 2023.
Además, su ambición perdedora lo llevó al fracaso del intento de desplazar, junto a Martín Lousteau, socio de Morales en las travesuras cometidas en la UBA, a Mauricio Macri al día siguiente de que el expresidente dejó su mandato. Así opera Morales.
Pero en política, cuando el proyecto no tiene respaldo electoral, las ambiciones quedan expuestas y Morales, que se sentía destinado a conducir, se tuvo que volver a Jujuy con la cabeza gacha luego del “banquinazo” junto a Larreta y Lousteau.
Lo cierto es que aquella sociedad que pretendía borrar del mapa al expresidente terminó perdiendo centralidad, y esa es la paradoja que la historia política suele reservar para quienes confunden ambición personal con liderazgo colectivo.
Morales, Larreta y Lousteau pretendieron ocupar el centro del escenario nacional y terminaron mirando la política desde la banquina.
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