Porque cuando a un docente se lo somete a una burocracia cada vez mayor, cuando siente que reclamar por sus derechos puede convertirse en motivo de persecución, y cuando su salario no alcanza para vivir dignamente, el daño no termina en el bolsillo del trabajador. El daño entra directamente al aula y lo termina pagando el alumno.
El deterioro en educación es el síntoma del desgobierno de Sadir
Burocracia, persecución y sueldos de hambre: si estas son las condiciones en las que se pretende sostener la educación pública de Jujuy, entonces no estamos simplemente frente a un conflicto laboral, estamos frente a un problema que compromete seriamente el presente y el futuro de toda la provincia.
¿Qué educación de calidad podemos exigir si quienes tienen la responsabilidad de enseñar viven preocupados por llegar a fin de mes, por conservar su puesto o por cumplir con una montaña de trámites administrativos que les quita tiempo y energía para preparar sus clases?
La educación se mejora respetando primero al docente, jerarquizando su profesión, garantizando condiciones dignas de trabajo y poniendo al alumno verdaderamente en el centro de las decisiones. Un docente mal remunerado, desmotivado o perseguido difícilmente pueda desarrollar todo su potencial pedagógico. Esto tiene consecuencias en todos los niveles: en el nivel inicial se debilitan las bases del aprendizaje; en la primaria se acumulan dificultades que después resultan mucho más difíciles de corregir; en la secundaria crecen el abandono, la frustración y la falta de oportunidades; y en el nivel superior se limita la posibilidad de formar profesionales capaces de transformar la realidad de Jujuy.
Pero hay algo todavía más grave: una provincia que descuida su educación está hipotecando su propio futuro. Cada niño que no aprende lo que necesita, cada adolescente que abandona sus estudios y cada joven que termina su formación sin las herramientas necesarias representa una oportunidad perdida para Jujuy.
Mientras algunos hablan de modernización, desarrollo y futuro, la realidad cotidiana puede ser muy diferente: aulas con problemas, docentes agotados, familias preocupadas y jóvenes que ven cada vez más lejos la posibilidad de construir un proyecto de vida en su propia tierra. Y entonces aparece la pregunta inevitable: ¿qué provincia se está construyendo? Porque no puede haber desarrollo sostenible sin educación, no habrá igualdad de oportunidades sin una escuela pública fuerte y no habrá futuro si se condena a los docentes a la precariedad.
Si el Estado considera que el docente es un gasto, tarde o temprano descubrirá que una sociedad sin educación de calidad termina pagando un costo muchísimo mayor.
Si el gobierno de Jujuy exige cada vez más a los docentes mientras se les reconoce cada vez menos, entonces lo que está haciendo es administrar el deterioro, pero no es el caso de la ministra a la que premian por su fracaso con 14 millones de pesos supuestamente recibidos en concepto de retroactivos, funcionaria que, aún siendo docente ningunea a sus pares sabiendo que puede volver al llano en cualquier momento, el deterioro se ve. El deterioro se ve cuando las persecuciones se hacen más severas; el deterioro se ve cuando una docente en persona le pide al gobernador que atienda sus reclamos salariales y el propio Sadir le dice que las órdenes las da el ministro de Hacienda. Esto ya no es sensación de deterioro, sino síntoma de desgobierno.
En definitiva, Jujuy necesita una política educativa seria, transparente y de largo plazo que sirva para transformar la vida de nuestros niños, nuestros jóvenes y de la provincia en su conjunto.

