La ciudad se fundó con cuarenta soldados y quedó a cargo de don Pedro de Zárate, incorporándose de esta manera, “a la historia de Jujuy por sus gloriosos hechos posteriores y por su descendencia”, según reza el libro “Compendio de la Historia de Jujuy”, de Miguel Ángel Vergara.
Este es “un monumento que tiene una historia preciosa”, manifiesta la profesora Cristina. Las ramas de esos árboles hacen contacto con la obra y lamentablemente provocan deterioro del material de terminación.
En el año 1972, por iniciativa del entonces párroco Luis Massing apoyado por la comunidad del barrio, por el arquitecto Jaime Hoffman y por el Fondo Nacional de las Artes, se erige el monumento en el atrio de la Iglesia para conmemorar esta gesta.
Es una obra del escultor Marcelo Bolívar, oriundo de Volcán, y contó con la participación del artista Rosario Gaspar.
En once placas implantadas en una torre, se relata la llegada de los conquistadores, la fundación del poblado, la rebelión de los pueblos originarios, la destrucción e incendio del caserío y, como síntesis, los símbolos de la conquista: la corona y la espada.
Sin embargo, el artista deja inscripto al pie del monumento su reconocimiento a la gesta colonizadora, pero, rinde también homenaje al valor del aborigen que defendió su tierra en 1563.
Los monumentos, como los archivos, los museos, la literatura, el arte en general son manifestaciones que ayudan a construir identidades. “Esto”, expresa la profesora, nos obliga a defender esta valiosa producción artística, producto de una historia y de actores jujeños que decidieron narrarla en ese espacio para las futuras generaciones. Sería conveniente trasladar esos árboles”, manifestó. Cabe menciona que, en 2005, el Monumento fue declarado de Interés Cultural por el Gobierno de la Provincia de Jujuy.