Todo esto nos muestra una realidad alarmante: una sociedad que está atravesando momentos difíciles, donde la tensión, la inseguridad y la falta de canales para expresar y canalizar los conflictos parecen estar en aumento.
La vida en Jujuy clama por acción política ante la escalada de violencia y la desatención social
La violencia en Jujuy está manifestándose en diferentes formas y en distintos ámbitos, y eso nos obliga a reflexionar sobre lo que está sucediendo. Desde el aumento del bullying en las escuelas, hasta las peleas entre madres en la puerta de los colegios, sin olvidar los feminicidios y los intentos de suicidio entre adolescentes.
¿Cuál es el origen? Probablemente tenga que ver con múltiples factores: la desigualdad social, la crisis económica, la desinformación y la pérdida de valores en algunos ámbitos, y también de una cultura que, en ocasiones, naturaliza la violencia. Pero frente a esto, debemos pensar en la importancia de fortalecer los lazos comunitarios, el rol de la escuela en la formación emocional, el acompañamiento a las familias, y una inversión genuina en políticas preventivas y de contención.
Porque, si algo debemos tener claro, es que la violencia no es el camino y que, juntos, podemos construir una sociedad más segura y más solidaria.
La situación en Jujuy nos invita a reflexionar sobre cómo las condiciones de vida impactan en la violencia. Muchas familias vulnerables viven en hábitats precarios, diseñados en condiciones que dificultan una convivencia armoniosa. Estas viviendas, a menudo, generan un ambiente de tensión y conflictos intrafamiliares que se proyectan en los niños y adolescentes, alimentando un ciclo de violencia.
Sumamos a eso factores como la crisis económica, la falta de espacios adecuados para la recreación y el acceso limitado a recursos de apoyo y contención emocional. Todo esto contribuye a un escenario donde la violencia se naturaliza y se expresa en diferentes formas: bullying en las escuelas, peleas entre madres, femicidios y procesos difíciles en adolescentes.
Frente a esto, necesitamos pensar en soluciones integrales: mejores condiciones de vivienda, programas de apoyo psicológico, educación en valores y políticas sociales que prioricen la alfabetización emocional y el fortalecimiento familiar. Solo así podremos comenzar a romper este ciclo y construir una sociedad más segura y justa.
Lo que estamos viendo en Jujuy, y en muchas partes del país, es que no hay una solución integral porque parece que no hay un plan serio ni una verdadera conciencia política sobre lo que está pasando en las calles. Se ha roto el tejido social, y las comunidades están diciendo basta ante la violencia, las peleas y el vacío que viven día a día.
Pero lo más preocupante es que las prioridades parecen estar en otro lado. La política ha desplazado al hombre, a sus problemáticas y a su realidad cotidiana, dejando por fuera esas cuestiones que en realidad construyen o destruyen el entramado social. La inseguridad, la pobreza, la desorientación en los valores se acumula sin voluntad de atenderlas realmente.
Los funcionarios, tanto en educación como en desarrollo humano, parecen estar lejos de entender la gravedad de la situación y de actuar con la urgencia que el momento requiere. La ausencia de políticas coherentes y comprometidas profundiza el problema, y mientras tanto, la calle se llena de violencia, y las familias viven en un estado que no les brinda las condiciones para salir adelante.
Lo que estamos viviendo en estos tiempos, y especialmente en nuestro país, es que los políticos justifican su inacción con excusas reglamentarias. Te dicen que no pueden reunirse en comisión porque no hay quorum, como si eso fuera más importante que salvar vidas o abordar la emergencia real que enfrentamos. Es surrealista: pareciera que los reglamentos, que en su momento fueron útiles, ahora están por encima de la vida y el bienestar de la gente.
El mundo cambió, es más complejo que nunca, y sin embargo, aquí esperan que los irresponsables, que tienen la mayoría, lleguen a un quorum para hacer algo. Mientras tanto, la gente se muere o sufre en silencio, y los responsables parecen dormidos en sus cargos, más preocupados por sus reglas que por su obligación de actuar en un momento de crisis..

