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La fuerte crítica al "populismo estúpido" que se atribuye a la actual gestión radical

Más allá del color político, la etiqueta apunta a un ejercicio del poder que no solo es discrecional, sino que carece de una estrategia profunda o de una visión de futuro que no sea la simple perpetuación de la familia y el círculo íntimo en las instituciones clave.

El gobernador Carlos Sadir, un hombre de bajo perfil y que venía de ser ministro de hacienda de la gestión anterior, asumió su cargo con el desafío de ser el continuador de un proyecto político, el de Gerardo Morales. Es lógico, y la política funciona así, que un exgobernador con una fuerte impronta y con ambiciones nacionales fallidas como lo intento morales, gobernador por dos períodos aun así mantiene un peso específico en las decisiones que se toman en la provincia.

Sadir puede tener la potestad formal del ejecutivo, es decir, el cargo, la voz y la lapicera para firmar, pero que el poder real o la última palabra en los temas de fondo seguirían residiendo en la figura del exgobernador. Es la clásica tensión entre el poder institucional y el poder fáctico o político que se construye a lo largo de los años.

El tema de la ley de coparticipación municipal es el mejor termómetro para medir esta dinámica. Sadir lleva casi dos años anunciando la sanción de la norma en una legislatura que, actúa más como una escribanía que como un contrapeso de poderes, sugiere que hay algo más que una simple demora administrativa. Si el bloque oficialista, que responde mayoritariamente al proyecto político del exgobernador, no mueve la ley, esto alimenta la percepción de que la agenda legislativa y, por ende, las grandes decisiones de fondo, se coordinan fuera del despacho del actual gobernador.

Es un juego de espejos. Sadir opina, anuncia y gestiona en el día a día, pero las grandes transformaciones estructurales (como una nueva ley de coparticipación que redistribuye poder y recursos a los municipios) parecen estar sujetas a la luz verde de la otra "cabeza" del poder. En este modelo, el rol de Sadir, si bien fundamental en la gestión, se ve condicionado por la continuidad del liderazgo de quien lo puso en el cargo. Es un equilibrio sumamente delicado y que siempre deja abierta la pregunta: ¿quién gobierna de verdad?

Para los radicales, "la democracia es votar y punto"

En cambio, una democracia sana, se basa en el equilibrio de poderes y, fundamentalmente, en los controles políticos y jurídicos al ejecutivo. Si la Legislatura, se percibe como una "escribanía" y si el poder judicial no actúa como un verdadero guardián de la legalidad, el Ejecutivo se convierte en un poder sin límites, haciendo "lo que creen oportuno y se acabó". El sistema de contrapesos está desnaturalizado, y eso es una alerta seria para la calidad institucional de la provincia.

Pero el análisis sin embargo, pasa de lo institucional a lo personal, centrando el foco en el gobernador Carlos Sadir y su oportunidad de despegarse de la herencia. Se menciona que Sadir ha continuado con el "gabinete de amigos de Morales", y el costo de esa lealtad política ya se habría pagado con resultados electorales adversos. Hay dos figuras clave que representarían esa "herencia de sangre y poder": Fredy Morales, el hermano del exgobernador, en un cargo fundamental en el ejecutivo, ya que es el brazo ejecutor de las decisiones de su hermano y la potencial designación de Gastón Morales, el hijo del ex gobernador en la corte suprema.

Aquí está el punto crucial de inflexión para el gobernador Sadir. A dos años de gestión, el contexto le da la llave para empezar a gobernar de verdad. La decisión de desplazar a estos funcionarios no es solo una movida de nombres, sino un acto de autonomía política. Implicaría pasar de ser el continuador de un proyecto a convertirse en el líder de su propio gobierno. Si Sadir opta por mantener estas figuras y otras se consolidará la percepción de que el poder real sigue siendo ejercido desde las sombras por el exgobernador. Si, por el contrario, realiza los cambios pero fundamentalmente veta cualquier intento de copar la justicia con lazos familiares, estará enviando una señal potente a la ciudadanía y a la dirigencia: Sadir tomó el mando.

El gobernador Sadir se encuentra en una encrucijada histórica para su mandato: definir si será el ejecutor del poder de otro o el constructor de su propio destino político.

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