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Jujuy, epicentro del ingreso de ropa usada que pone en jaque a la industria textil

Tras el cierre de una emblemática fábrica en Tucumán, se conoció un informe que revela los increíbles volúmenes de indumentaria que ingresa por nuestro territorio, proveniente principalmente de excedentes acumulados en Chile.

La crisis del sector textil en el norte argentino volvió a evidenciarse con fuerza en Tucumán, donde la emblemática Hilados S.A. cerró su planta en Los Gutiérrez, afectando directamente a 190 trabajadores.

El fin de la producción no es un hecho aislado: detrás de la decisión, según denuncian expertos y la Fundación Pro Tejer, está el ingreso masivo de ropa usada por Jujuy, que alcanzó niveles históricos en 2025 y se consolidó como un factor determinante para la inviabilidad de la industria local.

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Entre enero y octubre del año pasado, ingresaron al país 3.521.456 kilos de indumentaria de segunda mano, lo que representa un incremento del 26.538% en volumen y un 11.728% en valor FOB respecto al mismo período del año anterior.

De ese total, el 84% de la ropa usada entró por la Aduana de Jujuy, proveniente principalmente de excedentes acumulados en el Desierto de Atacama, Chile. La proximidad geográfica facilita la rápida distribución de estas prendas, que se comercializan a precios mucho más bajos que los de la industria formal.

Este fenómeno no solo afecta a las empresas textiles, sino que también genera impacto ambiental y sanitario. Gran parte de estas prendas están hechas de fibras sintéticas como poliéster, que no son biodegradables y liberan microplásticos. Además, la mercadería importada muchas veces carece de control sobre químicos peligrosos o tratamientos industriales previos, mientras que la subdeclaración de valores y los canales informales degradan aún más el mercado minorista.

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Cuando la ropa no se vende, el costo de su disposición final recae sobre los municipios y provincias, trasladando la carga fiscal al Estado local.

El caso de Hilados S.A. refleja la magnitud del problema: aunque la empresa trasladó a un grupo reducido de trabajadores a tareas logísticas y administrativas y reubicó a algunos operarios en otras fábricas del grupo, la mayoría del personal calificado quedó sin empleo. Los datos de la Fundación Pro Tejer apuntan a un traslado estructural de excedentes de fast fashion hacia Argentina, y Jujuy se convierte en la puerta de ingreso estratégica de estas prendas que compiten de manera desleal con la producción local.

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El impacto es claro: mientras la ropa usada puede parecer una alternativa económica para los consumidores, detrás de esos precios bajos hay un efecto directo sobre el empleo, la producción y la sustentabilidad ambiental del país. Los expertos advierten que sin un control más efectivo y políticas de regulación, la tendencia podría profundizarse, poniendo en riesgo la supervivencia de la industria textil nacional y el bienestar de las comunidades que dependen de ella.

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En definitiva, Jujuy no solo aparece como un punto clave en el ingreso de mercadería, sino también como un eslabón crítico en un fenómeno que afecta a toda la cadena productiva: desde fábricas históricas hasta el medio ambiente, pasando por los empleos y el comercio formal, evidenciando que los efectos del fast fashion importado trascienden lo económico y llegan a lo social y ambiental.

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