Los dirigentes que advertían sobre el mal negocio en La Esperanza
Al igual que ocurrió inicialmente con la fallida venta al grupo colombiano Omega, tanto el sindicato como la oposición expresaron su disconformidad respecto a cómo el gobierno llevaba adelante las negociaciones con el grupo Budeguer. Retrasos, denuncias de negocios inmobiliarios y mucho hermetismo en torno a un proceso muy cuestionado.
El ingenio finalmente se vendió al grupo tucumano Budeguer, el inversor que surgió como una segunda opción luego de que fracasara la famosa “venta de contado” al grupo colombiano Omega.
En la etapa final de la negociación con los colombianos, durante el transcurso de 2018, la desconfianza en la capacidad del gobierno para vender La Esperanza y en la transparencia de todo el proceso, reavivó un conflicto con los trabajadores.
El silencio oficial ante la consulta sobre los detalles formales de la negociación no hizo más que acentuar el clima de incertidumbre. En ese contexto, hubo presentaciones judiciales desde la oposición para que el gobierno revelara información relevante para los trabajadores y el pueblo pero no prosperó.
"Evidentemente no hay señales porque ni siquiera el propio grupo ALESA emite un comunicado o algo que diga no se preocupen, yo voy a hacer el desembolso y me voy a hacer cargo de la empresa", señalaba el economista Gastón Remy.
Ya en los últimos meses de 2018 se anticipaba de antemano el fracaso de la venta. El gobierno, por su parte, lo negaba rotundamente.
Tambien la diputada Alejandra Cejas apuntó contra el gobierno: "es uno de los fraudes más grandes de la provincia" y lo acusó de querer vender el ingenio "a un grupo amigo".
En diciembre de ese año, acorralado por las críticas, el gobernador Gerardo Morales confirmaba el bochornoso desenlace. Esto, no obstante, vino acompañado del anuncio de un nuevo grupo inversor, aquí entraría en escena Budeguer.
A estas alturas, el descreimiento en los anuncios oficiales llevó al sindicato a pedir que no se repita lo de Omega y que se informe mínimamente los avances conseguidos.
La principal inquietud de los trabajadores pasaba por las nuevas condiciones de venta acordadas con el entonces flamante oferente. Básicamente, se exigía respetar el compromiso de tomar a los 600 trabajadores del ingenio.
En los pocos meses que transcurrieron las negociaciones, desde el sindicato se amenazó con trabar la venta atento a incumplimientos y preocupación por el futuro laboral de los empleados.
En el medio hubo medidas de fuerza y hasta se habló de un negocio inmobiliario en puerta: “Budeguer quiere dividir la empresa en dos, la planta fabril por un lado a cargo de productora del norte y gestión inmobiliaria del noroeste del norte. El único perjudicado es el sindicato. Está destruyéndolo”, sostuvo, en su momento, Juárez.

