En particular, los tipos B y C provocan enfermedades crónicas en cientos de millones de personas y, en conjunto, son la causa más común de cirrosis hepática, cáncer y muertes relacionadas con hepatitis viral.
La hepatitis puede comenzar y mejorar rápidamente, o bien puede volverse una enfermedad crónica. Algunas personas con hepatitis no tienen síntomas, mientras que otras pueden presentar pérdida de apetito, náuseas y vómitos, diarrea, pérdida de peso, ictericia (coloración amarillenta de la piel o los ojos), fiebre baja y/o fatiga.
De acuerdo a sus posibles causas, se las pueden dividir en tres grandes grupos: agentes vivos, fármacos o tóxicos, y un último grupo de enfermedades de causa desconocida. En el primer grupo de agentes vivos encontramos los virus de las hepatitis, que son, con diferencia, la causa más frecuente de hepatitis en nuestro entorno.
El segundo grupo, los fármacos y tóxicos, está encabezado por el alcohol. La ingesta de bebidas alcohólicas constituye una de las principales causas de hepatitis en el mundo occidental. Algunos fármacos también son capaces de producir hepatitis, sobre todo agudas, pero son una causa poco frecuente de hepatitis crónica.
Por último, entre las enfermedades de causa no conocida se incluyen la hepatitis autoinmune, en la que el propio sistema inmune del enfermo daña su hígado, y la hepatitis criptogenética (sin causa conocida) propiamente dicha.
FUENTE: Filo News