Digo esto porque en declaraciones a la prensa la candidata a diputada nacional María Zigarán afirmó que Jujuy tiene una opción federal ante el gobierno nacional.
El gobierno unitario de Sadir se infiltra en provincia unidas federales
¿Hace bien o mal que el gobierno de Jujuy se adhiera a la alianza provincias unidas integrada por los gobernadores Vidal, Llaryora, Torres, Pullaro y Sadir, junto al ex gobernador Schiaretti?
¿Opción federal? Hace más de un año que Sadir presentó el proyecto de coparticipación provincial y se lo vienen pateando desde el sector del ex gobernador Gerardo Morales que pretende seguir manejando la caja para disciplinar a los intendentes en el marco de su pensamiento totalmente anacrónico. ¿Opción federal?, ¿cuándo en ninguna repartición se rinde cuentas?, ¿opción federal en donde la auditoria general de la provincia es funcional al poder ejecutivo? ¿opción federal en donde han convertido a la legislatura en una simple escribanía de gobierno, ¿cuál es el federalismo que se practica en la democracia de Jujuy?
En Jujuy vivimos rodeados de promesas de federalismo pero la realidad muestra que lo que hay es una concentración de poder fenomenal que se comporta como un autoritarismo disfrazado y que ha convertido a la democracia en una negociación entre gestiones que se refuerzan mutuamente para mantener el control sobre recursos, decisiones y destinos de la gente y ese aparato de poder opera sin contrapesos reales ni mecanismos eficaces de rendición de cuentas , sin una verdadera autonomía para las comunidades.
La autoridad única se impone por encima de las diferencias políticas de las distintas ciudades y pueblos y el resultado es una gestión que privilegia a una élite local, mantiene el control sobre la coparticipación y las herramientas de fiscalización y reduce cualquier intento de apertura institucional en una cuestión de lealtades partidarias que se ejecuta con la fiscalización capturada. Los entornos de control se vuelven montajes, la auditoría queda supeditada a indicadores que sirven para justificar el gasto y no para cuestionarlo, y la legislatura se transforma en un coro de respaldo donde el debate público se ahoga en la uniformidad de la línea oficial mientras las voces disidentes quedan aisladas o se las tilda de problemáticas para la cohesión social.
Cuando la realidad es que la ciudadanía exige transparencia, presupuesto razonable, diagnósticos verificados y un clima de libertad de expresión que permita a periodistas, empresarios y ciudadanos plantear preguntas sin miedo a represalias y ese encierro de la democracia se legitima con un lenguaje de orden, de seguridad y de estabilidad que esconde la brecha entre palabras y hechos porque si la gente ve que los presupuestos se aprueban sin debates, que las auditorías no señalan malas prácticas y que la participación ciudadana es solo una consigna, entonces la promesa de federalismo se desarma ante la evidencia de que el poder local ha aprendido a monopolizar las reglas del juego y a evitar que alguien cuestione la distribución de recursos o el rumbo de las políticas públicas.
Por eso es urgente preguntarse si ese supuesto federalismo sirve a la gente de Jujuy y no a una red de lealtades que opera como un sistema cerrado donde la diversidad de ideas, la pluralidad de intereses y la fiscalización independiente quedan marginadas y reducidas a meros adornos discursivos la consecuencia de este estrechamiento de la democracia es una ciudadanía que se siente desamparada, sin mecanismos efectivos para exigir cambios, sin plazos claros para ver mejoras y sin indicadores confiables que permitan medir si las políticas llegan a los barrios, si se reduce la burocracia o si se aumenta la inversión en educación, salud y desarrollo productivo.
Cuando cada intento de abrir el juego es respondido con maniobras para bloquear, para aplazar, para descalificar o para señalar enemigos, la democracia se ve vulnerada y el federalismo deja de ser una garantía para convertirse en una coartada para sostener un control que ya no se disputa, ni por la sociedad civil, ni por los medios, ni por otros poderes institucionales y si a esto lo llamamos estabilidad, entonces que quede claro: no hay legitimidad en una estabilidad que se asienta sobre la supresión de la diversidad, sobre la vulneración de libertades, sobre la imposición de una mayoría que no admite debate y que instrumentaliza la coparticipación para disciplinar a los municipios, a los actores sociales y a la oposición y esa realidad no se arregla con promesas de federalismo oportunista sino con reformas estructurales que restablezcan contrapesos, transparencia, participación real y una rendición de cuentas que no admita excusas, que establezca calendarios, métricas y responsables con un seguimiento público y verificable y que permita a la gente de Jujuy mirar al futuro con la certeza de que el gobierno escucha, responde y cambia.
Cuando los datos señalan un camino que ya no funciona y que las comunidades exigen que se recupere la libertad de prensa, la independencia de los organismos de control, el protagonismo de las autoridades locales elegidas por voto y el fortalecimiento de una Legislatura que debata, audite y fiscalice con libertad para señalar errores, proponer soluciones y exigir resultados y en esa clave las promesas de autonomía deben traducirse en prácticas palpables, en reglas claras, en un marco de gobernanza que no se deshilache ante una porción mayor de poder y que garantice que la democracia de Jujuy no sea rehén de un pacto entre dirigentes que se autoproclaman garantes del orden pero que, en realidad, operan como guardianes de un statu quo que impide el verdadero federalismo.
Solo una democracia con controles sólidos, una autonomía real, una coparticipación justa y una libertad de expresión plenamente protegida puede decir que aquí hay federalismo y no una versión local del clientelismo que ahoga la voz de la gente y mantiene a Jujuy en un estado de vigilancia consentida en la que la pregunta sigue en el aire: ¿cuánto tiempo más vamos a permitir que la autocracia disfrazada de estabilidad se perpetúe bajo la bandera del federalismo cuando la gente necesita transparencia, verdad y resultados visibles para creer en la democracia?

