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El gobierno tiene una visión incompleta de su política sanitaria

Mientras el gobierno exhibe hospitales remodelados y nueva tecnología, en distintas regiones de Jujuy crece la falta de médicos y especialistas. La crisis del recurso humano expone las limitaciones de una política sanitaria centrada más en la infraestructura visible que en la construcción de un sistema de salud sostenible y eficiente.

El dato de que en una región de alrededor de 20 mil habitantes haya apenas un traumatólogo y tres psicólogos no es solamente una estadística fría. Es la demostración de un problema estructural profundo: en Jujuy muchas veces se pensó la salud más desde la lógica de la obra visible y del anuncio político que desde la construcción real de un sistema sanitario sostenible. Y ahí aparece la gran contradicción del llamado “plan estratégico de salud”: hospitales remodelados, aparatología moderna y hospitales nuevos, pero enormes dificultades para conseguir y retener profesionales que hagan funcionar el sistema.

El problema no es solamente comprar tecnología. El desafío es quién la usa, quién la mantiene y quién atiende a la población todos los días. Un tomógrafo sin especialistas, un respirador sin terapistas o un hospital moderno sin médicos suficientes terminan convirtiéndose en una especie de escenografía sanitaria. La salud pública no se sostiene con inauguraciones; se sostiene con recursos humanos capacitados y distribuidos de manera inteligente en el territorio.

Distintos informes y testimonios en la provincia vienen advirtiendo desde hace años sobre la falta de médicos y especialistas. A propósito, un delegado de APUAP denunció el colapso sanitario en La Quiaca, en el departamento de Yavi, por la falta de profesionales en hospitales públicos. Aseguró que en los últimos ocho años el sistema perdió unos 800 profesionales que migraron al sector privado, pero además agregó que se cerraron puestos sanitarios, como una suerte de desmantelamiento de la atención primaria.

El debate ya no gira solamente alrededor de la infraestructura, sino sobre cómo atraer médicos a zonas alejadas, donde muchas veces los salarios no compensan el desarraigo, la sobrecarga laboral ni las condiciones de trabajo. Esta situación, además, desgasta más rápido al profesional, que termina yéndose también.

En regiones como la Quebrada, el problema se agrava por cuestiones geográficas y sociales. No es lo mismo garantizar cobertura médica en una gran ciudad que hacerlo en localidades dispersas, con dificultades de transporte y largas distancias. El hospital de Maimará estaría operando con apenas cuatro médicos, y esto implica guardias interminables, demoras, derivaciones constantes y pacientes que llegan tarde a diagnósticos importantes.

Entonces, la pregunta sería: ¿cómo se entiende que haya inversión tecnológica pero, simultáneamente, faltante de personal? La respuesta es obvia: el gobierno tiene una visión incompleta de la política sanitaria.

Un hospital nuevo se muestra, se fotografía y se inaugura. En cambio, formar especialistas, generar incentivos salariales o radicar médicos en lugares alejados requiere años de planificación y, naturalmente, tiene menos impacto mediático. Es mucho más difícil políticamente, aunque infinitamente más importante.

También el gobierno muestra un claro problema de prioridades. Se impulsan megaproyectos de dudosa rentabilidad y, simultáneamente, en áreas esenciales como salud y educación los déficits son indisimulables.

En el capítulo de salud mental, el cuadro es todavía más delicado. El hecho de que haya apenas tres psicólogos para una población de 20 mil habitantes implica una saturación inevitable en un contexto donde crecen la depresión, las adicciones y los problemas emocionales, transformando el escenario en una verdadera bomba silenciosa.

El debate de fondo es qué modelo sanitario necesita la provincia. Porque un sistema de salud eficiente no se mide por la cantidad de edificios inaugurados ni por los equipos comprados, sino por algo mucho más simple: si la gente consigue atención rápida, profesionales suficientes y respuestas concretas cuando se enferma.

Y hoy, según las denuncias de trabajadores y gremios, el recurso humano parece ser el eslabón más débil del quebrado sistema de salud en Jujuy.

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