En el caso de René Cayo, profesor con una década de trayectoria en la localidad de Catua, en plena Puna jujeña, el viaje implica recorrer cerca de nueve horas desde Monterrico, cargando no solo objetos personales, sino también materiales y pedidos que los propios alumnos solicitan para las actividades escolares.
"Nosotros comenzamos trabajando ya desde el domingo. Desde el día domingo nosotros empezamos a armar nuestros bolsos a cortar ya nuestras actividades del domingo porque tenemos muchísimas horas de viaje", relató el educador a Radio 2.
Un vínculo que trasciende el aula
A diferencia de la docencia urbana, la relación entre el maestro rural y su comunidad se asemeja a un lazo familiar. La convivencia diaria, las horas extra destinadas a tutorías pedagógicas, ensayos o la organización de eventos estudiantiles generan un compromiso que va más allá de las horas cátedra obligatorias.
"Tenemos un vínculo casi familiar porque ellos nos buscan a nosotros y nosotros también cuando ya no estamos ya los extrañamos también a ellos, nosotros vivimos ahí en la comunidad, ellos saben dónde alquilamos", expresó.
Reclamos por las condiciones laborales y falta de consideración
El docente también cuestionó las dificultades logísticas que imponen las autoridades educativas, especialmente en lo que respecta al manejo de los feriados y la disponibilidad de transporte, señalando que muchas veces no se dimensiona el esfuerzo físico y el desarraigo que implica la labor en la altitud.
Pese a los obstáculos presupuestarios y las demandas pendientes del sistema, Cayo valoró la experiencia y alentó a los nuevos profesionales a sumarse a la docencia rural, una actividad que le permitió potenciar su vocación pedagógica a la par de su faceta como creador de contenidos digitales sobre los paisajes y la vida en la Puna.