Cultura | Día de la Memoria | POEMAS |

Siete poemas por la Memoria, Verdad y Justicia

La dictadura cívico militar en Argentina -periodo que puede extenderse desde 1974- dejó secuelas que perduran hasta hoy y, quizás, nunca terminen de dejarse atrás. La poesía sabe de eso y son muchos los autores que intentaron dar cuenta de ese tiempo lleno de horror, buscando comprender qué fue lo que sucedió.

Por soledades” – Paco Urondo

Un hombre es perseguido, una

familia entera, una organización, un pueblo. La

responsable de esta situación no es la codicia,

sino un

comerciante con sus precios, con la imposición

de las reglas del juego. Los empresarios, la policía

con la imposición de las reglas del juego. Por eso

ese hombre, ese pueblo, esa familia, esa

organización, se

siente perseguida. Es más, comienzan

a perseguirse entre ellos, a delatarse,

a difamarse, y juntos, a su vez, se lanzan a perseguir

quimeras, a olvidarse de las legítimas,

de las costosas pero realizables aspiraciones;

marginan la penosa esperanza. Entonces

toda la familia, todo el pueblo, entra

en el nivel más alto de la persecución: la

paranoia, esa

refinada búsqueda de los

perseguidos históricos y culturales.

Y ésta

es la triste historia de los pueblos

derrotados, de las familias envilecidas

de las organizaciones inútiles, de los hombres

solitarios, la

llama que se consume sin el viento, los aires

que soplan sin amor, los amores que se marchitan

sobre la memoria del amor o sus fatuas

presunciones.

De Cuentos de batalla (1973-1976)

“Octubre 1976” – Ana María Ponce

Y si de vos

me dijeran que no exististe,

les gritaría que me quedan,

tus ojos tristes,

tu caminar lento,

tu sonrisa apenas esbozada,

tu caricia leve,

y una espera,

una larga espera

de la que no volveremos

nunca,

o tal vez si …

“Bajo la lluvia ajena” – Juan Gelman

No debiera arrancarse a la gente de su tierra o país,

no a la fuerza.

La gente queda dolorida, la tierra queda dolorida.

Nacemos y nos cortan el cordón umbilical. Nos destierran

y nadie nos corta la memoria, la lengua, las calores. Tenemos que

aprender a vivir como el clavel del aire, propiamente del aire.

Soy una planta monstruosa. Mis raíces están a miles de

kilómetros de mí y no nos ata un tallo, nos separan dos mares

y un océano. El sol me mira cuando ellas respiran en la noche,

duelen de noche bajo el sol.

(Roma, 14 de mayo 1980)

Sin título – Clara Arias

¿Quién cosía las capuchas

para los detenidos de la ESMA?

alguna vez una mujer

habrá agarrado un dedal,

un hilo, una aguja.

O habrá enhebrado paso a paso

con la punta de un carretel

los ojales de una máquina de coser.

No sé porqué digo mujer

tal vez porque recuerdo a mi abuela

las tardes de costura,

no había hombres en esas tardes

en ese universo de cajas de botones

y retazos de telas.

Una tarde, alguien

con un rollo de tela negra

habrá tocado el timbre de la casa de Dorita

la que hacía los trajes para bailar el minué

en los actos de la escuela

o aquel disfraz de hada madrina,

le habrá pedido treinta mil bolsas

treinta mil bolsas negras.

Alguna vez una mujer

o un improbable hombre

se sentó a coser

con paciencia y esmero

como quien cose una batita

para un niño por nacer

las capuchas que usaban

los detenidos de la ESMA.

De Apología 3 (Letras del Sur, 2016)

Sin título – Alejandro Almeida

Si la muerte me sorprende lejos de tu vientre,

porque para vos los tres seguimos en él,

si me sorprende lejos de tus caricias

que tanto me hacen falta,

si la muerte me abrazara fuerte

como recompensa por haber querido la libertad,

y tus abrazos entonces sólo envuelven recuerdos,

llantos y consejos que no quise seguir,

quisiera decirte mamá que parte de lo que fui

lo vas a encontrar en mis compañeros.

La cita de control, la última, se la llevaron ellos,

los caídos, nuestros caídos,

mi control, nuestro control está en el cielo,

y nos está esperando.

Si la muerte me sorprende

de esta forma tan amarga, pero honesta,

si no me da tiempo a un último grito

desesperado y sincero,

dejaré el aliento el último aliento,

para decir te quiero.

13/1/1975

“El falcon verde” – Carlos Jesús Maita

El Falcon de la patrulla se desliza,

lento,

como un largo lagarto por el parque oscuro.

Su ojo de sangre va manchando la hierba.

De Los pañuelos de las Madres (2006)

“Mientras tanto” – Irene Gruss

Yo estuve lavando ropa

mientras mucha gente

desapareció

no porque sí

se escondió

sufrió

hubo golpes

y

ahora no están

no porque sí

y mientras pasaban

sirenas y disparos, ruido seco

yo estuve lavando ropa,

acunando,

cantaba,

y la persiana a oscuras.

De Solo de contralto (Ed. Galerna, 1998)

Dejá tu comentario