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Combatir la pobreza no está en la agenda de la política jujeña

La crisis económica y financiera de Argentina impacta en las provincias aunque ya se vislumbran algunos resultados en el universo macroeconómico, no así en los sectores bajos o periféricos de la economía.

La crisis ha abierto un nuevo escenario en constante cambio que ha generado una mayor desigualdad y exclusión social cuyas consecuencias son el desempleo, el envejecimiento de la pirámide de población, y el aumento de hogares sin ningún tipo de ingreso.

En este contexto actual, en donde la pobreza adquiere carácter estructural, se instala la reducción de recursos como consecuencia de la debilidad del estado de bienestar.

La racionalización presupuestaria limita el alcance del estado de bienestar llegando al punto de que no puede sostenerse. Hay dificultades para financiar las políticas sociales, situación que debería ser totalmente al revés pero al contrario la política social en medio del ajuste feroz debería ser prioridad en el diseño del presupuesto 2025. En rigor de verdad no hemos escuchado ningún debate en este sentido lo cual nos invita a pensar que el 2025 será igual de deficitario en asistencia a los sectores más impactados por la crisis.

El sector público por sí mismo no puede atender todas las necesidades sociales pero curiosamente sí la de sus funcionarios sino que expliquen los aumentos obscenos de los salarios del personal jerárquico que, por otra parte, sabemos que en materia de rendimiento, en resolución de problemas el desempeño es cero y están reprobados por la gente.

De modo que así, con esta manera de manejarse o de administrar el Estado, es inviable la erradicación de la pobreza y la reducción de los índices de desigualdad.

La política se ha quedado sin ideas frente a los nuevos desafíos del cambio de época. La respuesta evasiva siempre es la misma: nos cortaron los fondos nacionales…

Con fondos ajenos cualquiera es gobernador o ministro o lo que sea, el punto es que los recortes vienen a desnudar el enorme déficit en materia de eficiencia organizativa en la gestión. No hay fórmulas de financiación innovadoras.

Es más de lo mismo siempre ya que no hay un diagnóstico de situación ni un plan para resolverla.

Si el gobierno tomara conciencia de la verdadera situación social debería tener como prioridad la creación de un plan de bienestar serio, sólido, con seguimiento de profesionales idóneos y así poder paliar los efectos devastadores del ajuste sobre la vida de la gente.

No lo hacen porque no hay equipos y porque no hay ideas pero además falta voluntad política para realizarlo. A parte hay que sentirlo pero la política no puede dar ese paso porque están agotados, es una generación agotada en el tiempo.

En una provincia en donde el 73 por ciento de los niños son pobres es imperdonable que el área en cuestión (Ministerio de Desarrollo Humano) pase desapercibida en términos presupuestarios.

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