Detrás de cada carroza o carruaje que deslumbra en la Ciudad Cultural hay mucho más que engranajes, papeles y colores. Están ellos: los carroceros. Jóvenes artesanos solidarios que, con manos incansables y corazones firmes, se unen con un objetivo común: representar a su colegio y dejarlo en lo más alto. Electricidad, hierro o flores, marcan a fuego a cada estudiante.
Carroceros: la verdadera esencia de la Fiesta Nacional de los Estudiantes
Mamelucos que cada septiembre invaden las calles de toda la geografía jujeña.
En cada canchón, durante meses, se forja algo más grande que una obra de arte. Se construye una familia sin lazos de sangre, pero unida por el esfuerzo compartido. Un lugar donde cada estudiante encuentra contención, amistad, cariño y hasta un amor, en medio de noches de trabajo, risas y mates compartidos.
Ellos conocen del cansancio, a veces el hambre, pero nada los detiene para ir siempre hacia adelante con la rebeldía de la alegría como bandera, que aunque llegue el aguafiestas ellos se van a reír igual.
Los carroceros aprenden a convivir, a escucharse, a tomar decisiones y asumir responsabilidades. La carroza no solo los prepara para la Fiesta Nacional de los Estudiantes, también los entrena para la vida. Es el prólogo de un camino que pronto muchos comenzarán a recorrer: estudiar lejos de casa, buscar un futuro en Jujuy o iniciar la vida laboral.
La verdadera magia de la Fiesta no está solo en el brillo de las carrozas, sino en esas historias silenciosas de compañerismo y crecimiento. Porque, al final, los carroceros no solo construyen carrozas… construyen recuerdos, valores y lazos que perduran para siempre.
Con la llegada de cada septiembre, a Jujuy vuelve la magia, ese olorcito a Lapacho florecido, abre las puertas a la nostalgia y reminiscencia de todos los carroceros que alguna vez fuimos, somos y seremos parte de esta hermosa fiesta.

