Si bien las enfermedades parasitarias afectan a personas de toda edad, la población infantil es la más sensible a sufrirla. Y son los niños quienes pueden experimentar, si no se trata, desde malestar general hasta trastornos en su crecimiento y desarrollo intelectual.
Al respecto, Edgardo Smecuol, gastroenterólogo, detalló que se trata de organismos de una o más células que toman como huésped al hombre y pueden generar trastornos poco advertidos o severos.
En Argentina, más del 50% de los niños presenta parásitos intestinales
Además, el especialista aclaró que “es una enfermedad de la pobreza y que su prevalencia en países desarrollados es menor que en zonas carenciadas”, afirmó.
“Puede tenerse a cualquier edad, en general cuando un chico está parasitado, toda la familia lo está. Los chicos son más propensos porque suelen caminar y los parásitos pueden atravesar los pies. Además hay un problema cultural de higiene porque no tienen buenas condiciones. Tenemos que insistir más con el lavado de manos ”, explicó y agregó que “es común además la transmisión fecal – oral, el uso de agua no segura, carnes mal cocidas, procedimientos inadecuados, todo afecta el doble a los chicos”, confirmó Smecuol.
Sobre los síntomas: “pueden tener picazón anal, distención abdominal, dolor y diarrea. Cuando se prolonga la enfermedad por mucho tiempo salen gusanos del ano o puede que si bien no tenga grandes síntomas, el niño pierde peso, sufre alteraciones en el sueño, la concentración, el desarrollo intelectual y también sufre trastornos de crecimiento”, detalló.
Finalmente, sobre el tratamiento aclaró que acceder a cloacas y agua segura sería lo principal, luego una vez diagnosticado que tanto el niño como la familia accedan a un tratamiento y tomen todas las precauciones para seguir evitando la propagación. “La mejor forma de prevenir es lavar frutas, verduras y las manos”, sentenció.
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