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Basurales, el mapa de la desidia y el abandono

A pesar de la premisa “Jujuy Verde” y los continuos anuncios de programas pensados para disminuir la concentración de desechos urbanos, la realidad marca que estamos notablemente lejos de alcanzar la erradicación de los problemas de residuos.

En el repaso de los capítulos sobre contaminación a lo largo de 2018, fueron numerosos los reclamos de los vecinos de Palpalá, Perico, San Salvador y otras ciudades sobre la presencia de basurales, algunos de ellos creciendo durante años ante la vista de todos, incluso de las autoridades pertinentes.

Uno de los objetivos anuales para el desarrollo económico-productivo se centró en el turismo, proponer a Jujuy como un destino de vanguardia y dejar de ser una alternativa en la región. Y de acuerdo a lo manifestado por el gobierno y las cifras que se manejan desde el ministerio en cuestión, las metas hasta aquí se han logrado, sin embargo el incremento de los basurales a cielo abierto va en el sentido contrario.

Las virtudes de los paisajes de la provincia se ven perjudicadas por el crecimiento de estas zonas que no solo descomponen la vista, si no que también representan un problema de salud pública y proliferación de alimañas.

Durante el inicio de gestión, a comienzos de 2016, la titular del Ministerio de Ambiente firmaba una nota describiendo el grave problema que representaban estas áreas.

Más cerca en el tiempo, en mayo de 2017, la propia María Inés Zigarán afirmaba que desde el área que maneja, habían detectado al menos 400 basurales distribuidos en toda la provincia.

Desde ese relevamiento hasta la fecha, la tendencia no ha hecho si no crecer, continuamente se informa de nuevos espacios que han sido colmados por basura, poniendo en duda la efectividad de las políticas públicas.

Girsu continúa anunciándose como una solución para mejorar el tratamiento de los residuos urbanos, pero es una mera especulación que se ha visto dilatada desde su anuncio hace casi dos años atrás.

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