En un estudio colaborativo realizado entre el Hospital Universitario y Politécnico “La Fe”, de Valencia, España y el Departamento de Psicología de la Universidad de Southampton, Inglaterra se arribó a la conclusión de que estos niños prestan atención a caras que expresan alegría, tristeza o amenaza de un modo diferente a como lo hacen los niños que no sufren maltrato. Estos llamados sesgos atencionales (o lentes para enfocar) podrían, además, estar relacionados con la aparición de conductas adaptativas poco eficaces.
Sucede que cuando niños y niñas son víctimas de situaciones traumáticas sostenidas durante importantes períodos de tiempo, desarrollan estrés postraumático complejo (EPC), que es un cuadro diferente al conocido estrés postraumático tradicional (EPT). El EPC incluye síntomas característicos del EPT (reexperimentación, conductas de evitación, hipervigilancia), pero, además, despierta sentimientos confusos que pueden influir negativamente en la imagen de sí mismo, en lo que esta imagen genera en los demás y cómo esto rige el acaecer emocional, como así también, una percepción de falta de control en los vínculos con los otros. Esta sensación de falta de control, sobre todo emocional, determina ciertas inclinaciones a la hora de responder a estímulos del medio.
En el estudio mencionado, en el que los niños/as debían realizar tareas relacionadas con diferentes expresiones faciales expuestas a través de una computadora, se observó que quienes eran víctimas de violencia atendían de manera diferente la información negativa (rostros que expresaban tristeza, miedo, amenaza), procurando evitar los rostros amenazantes concentrándose más en los que transmitían tristeza.
Lo contrario se observó en niños no sujetos a violencia: atendían más a los rostros amenazantes y evitaban los tristes.
La evitación atencional de caras amenazantes sugiere una manera poco eficiente de atender a las amenazas provenientes del medio, porque no resulta adaptativo. Nuestro cerebro debe aportarnos información acerca de amenazas potenciales o reales a los fines de que podamos defendernos. Si estos niños/as evitan eso, entonces aumenta su vulnerabilidad ante situaciones peligrosas, y pueden exponerse a peligros, a través de conductas agresivas o de aislamiento.
Por otro lado, el atender más a caras tristes podría corresponderse con el estado anímico que subyace en estos niños y niñas, que, en cierta proporción, los predispone a la depresión, según indicó en un estudio Aaron Beck.