Simultáneamente, el presidente de la Unión Industrial de Jujuy, Federico Gatti, pidió certidumbre al gobierno de Álvarez García para las empresas locales, señalando problemas puntuales como el abastecimiento de gas y energía, que complican la producción y los costos, dificultando además la recuperación de ventas en otros sectores de la economía. Gatti afirmó que ni el RIGI ni el régimen de inversiones de la provincia alcanzan, y agregó que nadie generará puestos de trabajo porque las condiciones actuales no son las mejores.
Una convención para el empleo sin empresas y sin empresarios
Se presentó la segunda convención de la Red Provincial de Oficinas de Empleo, encabezada por el ministro de Gobierno, Justicia y Trabajo, Normando Álvarez García, con el propósito de mejorar la empleabilidad y generar nuevas oportunidades laborales. La convocatoria estuvo dirigida a representantes del interior. A propósito, surge una pregunta elemental: ¿cuántos empresarios asistieron al evento? Seguramente no hay ni habrá respuestas.
Es por eso que la pregunta vuelve a imponerse: ¿cuántos empresarios asistieron a la distinguida convención del ministro?
El problema va mucho más allá de los razonables planteos de Federico Gatti. Cualquier sociedad que aspire a desarrollarse de manera seria y sostenida necesita que la calidad institucional sea tan importante como la economía misma. Muchas veces se discute solamente sobre impuestos o salarios, pero se deja de lado un aspecto central: la confianza.
La confianza no nace de los discursos políticos, sino de la fortaleza de las instituciones. Cuando la división de poderes se debilita, como ocurre en Jujuy, y los organismos de control dejan de actuar con independencia, el mensaje que recibe la sociedad —y también el sector privado— es muy delicado. Empieza a percibirse que las reglas pueden cambiar según la conveniencia del poder político y que los controles no están para garantizar transparencia, sino para proteger intereses propios. Eso genera incertidumbre, y la incertidumbre es uno de los peores enemigos de la inversión y del empleo.
Una empresa no invierte millones porque sí. Antes de poner dinero analiza si existe seguridad jurídica, si la Justicia funciona, si las licitaciones son transparentes, si los contratos se respetan y si las reglas serán relativamente estables en el tiempo. En este sentido, el ministro Álvarez García debería responder si el gobierno provincial garantiza realmente esas condiciones que exigen las empresas aquí y en cualquier parte del mundo.
Ocurre que el empresario local o foráneo percibe que en Jujuy los organismos de control están condicionados y que la oposición queda atrapada por la tiranía de las mayorías, perdiendo capacidad real de control. Automáticamente aumenta la sensación de riesgo y, cuando aumenta el riesgo, el capital se retrae. Algunos inversores directamente eligen otros destinos y otros deciden quedarse, pero invirtiendo lo mínimo indispensable, sin generar expansión ni nuevos puestos de trabajo.
En sistemas poco transparentes muchas veces prospera no el más eficiente ni el más innovador, sino quien tiene mejores vínculos con el poder. Y eso destruye la competencia sana. La economía deja de premiar la productividad y comienza a premiar la cercanía política.
En Jujuy, el gobierno radical se encargó de desactivar controles institucionales para direccionar recursos hacia proyectos políticamente rentables, aunque económicamente inviables.
La provincia cuenta con enormes recursos naturales y un gran potencial turístico, pero también con una dirigencia incapaz de generar empleo masivo y sostenido porque históricamente las prioridades estuvieron puestas en otro lado.
Los países y regiones que más crecen no son necesariamente los que tienen más recursos naturales, sino aquellos que lograron construir instituciones previsibles y confiables.
Cuando una sociedad siente que las instituciones son sólidas y que existen límites al poder, se anima a invertir, producir y proyectar. Pero cuando percibe concentración de poder, aparece el miedo a la arbitrariedad y la economía comienza a paralizarse lentamente. Ese escenario sintetiza claramente la arquitectura de poder diseñada y liderada por Gerardo Morales, cuyas consecuencias hoy están a la vista.
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