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Los Barrios, décima parte: Los Naranjos 4

Los Naranjos 4

 

 “Vuelo de amor” de  Néstor Humacata

 

 

AMORES PROHIBIDOS

 

Flor de Jacarandá

 

Ella, adolescente, quince años, se había enamorado del recién llegado. Él era muy lindo, delgadito, mirada clara verde. Aviador civil. Y estudiaba para comercial. Aire de James Dean. de ese actor rebelde. Pantalones de jean, anteojos Ray Ban. Le gustaba y... no le gustaba. ÉL le tenía paciencia. Prohibida relación. No podía verlo. Otros tiempos: Quién sería ese muchacho, de qué familia, no era conocido.

Se encontraban en la Biblioteca donde fingían estudiar y se pasaban mensajitos: Eres mi todo. Oh, mi Todo, le encantaba. Y también le hacía las pasadas. Pero a los muchachos del barrio no les hacía gracia el intruso. ¡Qué tenía que mirar a las chicas del barrio! Y juntaban naranjas verdes para arrojar a los extraños, claro, vivían en al Barrio los Naranjos. Él, el enamorado, había esquivado varios naranjazos. En una ocasión, casi voltean la moto en la que fugazmente pasaba por la la calle de ella.

Pero encontró la manera de burlarlos, le hacía las pasadas en avión ¡Ja! Y ella corría a la terraza para ver pasar el vuelo y sonreía ante el planeo de las alas del piper, fugaz y maravilloso saludo. A veces, mientras la familia almorzaba se oía el ronroneo y los cuchillos y tenedores se inmovilizaban en el aire, y el padre con gesto adusto decía:

- ¡Ahí pasa el pilotudo!

Y ella entonces corría a la terraza, ruborizada y feliz.

Un día, era primavera, el aviador recogió perfumes de muestras gratis de las farmacias y flores de jacarandá de las veredas. Juntó todo, y cuando pasaba aleteando por el cielo de la casa de ella, arrojó las flores azules lilas aromáticas. Ofrenda maravillosa, violeta perfumada en sus brazos, y también... en los techos de los vecinos.

 

En su diario ella escribió:

    La brisa de primavera trae el ronroneo de un motor y perfume lila de jacarandá. Mi corazón se estremece y salta. Es él, es él. Salgo apresuradamente al patio, miro el cielo, no veo nada. Subo a la terraza, lo busco en el azul, en los miles de puntitos que me desconciertan entre algunas nubes, nubes blancas, muy blancas: mar, vaivén de olas, un delfín salta, me mira, me llama, me fascina. Por fin, el monomotor Piper de alas rojas se aproxima, se hace cada vez más grande, más cercano, ya está al alcance de mis ojos, de mis manos, y comienza la ronda-ronda sobre mi casa.

     Llega el mensaje que libera el canto de los pájaros, el rubor de mujer. Sonrío emocionada. Sé que distingue, desde el aire que ronronea, una figurita pequeña que gira gira en una armonía compartida, quizás de un vals.

     De pronto, caen papelitos lilas; extiendo mis brazos que reciben el perfume lila. Las flores llenan mi terraza. Y yo soy otra flor de jacarandá con alas en la piel que baila hechizada en el atardecer.

     Cumplida su misión, el pájaro se aleja. En cómplice señal aletea, victorioso, puñados de gorjeos.

    Es primavera y sólo tengo quince años.

 

 

 

 

Susana Quiroga 

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Nota:

La pintura la encargó el escritor Sergio Giacoppo al pintor Néstor Humacata. Gracias, Sergio, por la preciosa devolución.

 

 

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