Política |

Renovación adoctrinada

Gerardo Morales habla de renovación y de dar lugar a las nuevas generaciones, pero su discurso vuelve a abrir un interrogante sobre la verdadera autonomía de quienes buscan ocupar espacios de poder. En Jujuy, el desafío no pasa solo por cambiar los nombres, sino por romper con una lógica política basada en la obediencia y construir una dirigencia capaz de tomar sus propias decisiones.

Cuando Gerardo Morales habla de las nuevas generaciones y dice que hay que dejar que los jóvenes salgan al ruedo porque tienen otras ideas, uno tiene derecho a preguntarse: ¿de qué renovación estamos hablando? ¿De tomar la posta o de levantar el muerto? Porque una cosa es cambiar los nombres y otra muy distinta es cambiar la política.

Morales hoy aparece públicamente con una imagen mucho más moderada, casi como una oveja que intenta esconder las pieles de lobo que dejó durante tantos años de ejercicio del poder. Y habla de los jóvenes como si estuviera entregando generosamente el espacio que durante años estuvo bajo su control. Pero la verdadera renovación no consiste en formar dirigentes capaces de pensar por sí mismos, de discutir, de cuestionar y, llegado el caso, de decirle que no: “Esto no va a pasar…”.

Esos supuestos nuevos talentos necesitan la aprobación de Morales para crecer políticamente, de modo que estamos ante una generación formada para obedecer.

Cambian los actores, pero el relato es el mismo. Un joven democrático no debería recibir un chip con las instrucciones “anacrónicas” del poder. Debería recibir herramientas para pensar, cuestionar y construir su propio camino.

Si Sadir, el actual gobernador, está condicionado por quien lo precedió, cabe preguntarse: si este necesita levantar el teléfono para consultarle a Morales, ¿dónde está la nueva impronta? ¿Dónde empieza el nuevo gobierno y dónde termina el anterior? Son preguntas…

La política no puede convertirse en una cadena de obediencia donde todos miran hacia arriba antes de hablar.

Mientras tanto, quedan problemas concretos que no desaparecen porque Morales hable de generaciones futuras: la deuda, los salarios deteriorados, el deterioro de los servicios, etc. ¿Quién va a discutir estos temas y quién se hará responsable de lo que pasó?

Son jóvenes de 30 años políticamente viejos porque solo están para obedecer. Por eso, la pregunta que deben hacerse los jujeños no es solamente quiénes vienen después de Morales. La pregunta es si los que vienen tendrán la libertad de ser realmente ellos mismos o si simplemente serán nuevos rostros para continuar con el mismo modelo.

Las nuevas generaciones deben llegar para tomar sus propias decisiones y así se podrá hablar de renovación.

Si el dirigente joven puede crecer políticamente solamente mientras no cuestione al jefe, entonces no es una promesa de renovación: es una pieza de recambio. Y una democracia saludable no necesita piezas de recambio; necesita dirigentes autónomos.

Además, Jujuy no necesita herederos políticos. Necesita dirigentes libres y, quizá, la verdadera posta que deben tomar las nuevas generaciones no sea la que les entrega el pasado, sino la que construyan ellos mismos, lejos de la obediencia y cerca de la democracia.

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