Para analizar el impacto de estas normativas en la subjetividad y el aprendizaje de los jóvenes, Radio 2 conversó con la licenciada en psicopedagogía Alejandra Julián, quien aportó una mirada crítica sobre cómo se está procesando e implementando este cambio legal.
La especialista hizo hincapié en que los adolescentes son sujetos en pleno proceso de desarrollo, cuyas funciones ejecutivas vinculadas a la planificación, organización y toma de decisiones aún se encuentran en maduración.
"Los jóvenes aprenden, son seres en procesos de aprendizaje. No creo que un joven, un adolescente de 14 años pueda tener las mismas herramientas que un adulto ante una toma de decisión que sea nefasta. Actúan más impulsivamente, propios de la edad, porque tienen determinadas condiciones todavía que están haciendo a su desarrollo", indicó.
Falta de debate institucional y riesgo de estigmatización
Julián cuestionó la metodología con la que se sancionan e intentan aplicar estas normativas, señalando que el proceso se realizó de espaldas a las instituciones educativas, a los consejos de familia y a los especialistas de distintas disciplinas que comprenden la cotidianeidad de las aulas secundarias.
Asimismo, advirtió sobre el peligro de convertir los espacios educativos o dispositivos de encierro en meros "reformatorios", bajo la lógica de una supuesta rehabilitación médica o punitiva que desatiende el origen real de las problemáticas.
"De repente nos encontramos con un proceso de que las escuelas se pueden convertir en centros reformatorios. Es como decir, bueno, hasta acá llegaste, ahora te encerramos para que vos puedas rehabilitarte. Se rehabilita porque está enfermo. No comprendemos, ya ahí está enfermo de algo. ¿A quién rehabilitamos? No nos preguntamos acaso qué pasó para que tenga algo; ahí va la cuestión", remarcó.
El impacto del miedo y la necesidad de construir conciencia
La profesional remarcó que en las últimas semanas las consultas de los propios adolescentes se han multiplicado —especialmente en contextos de masiva concurrencia juvenil como la Fiesta Nacional de los Estudiantes—, evidenciando un clima de incertidumbre y temor alimentado por la forma en que se comunica la ley.
Frente a esto, hizo un llamado enfático a repensar las intervenciones del Estado y de las familias, huyendo de las respuestas basadas en la inmediatez y el castigo.
"No le transmitamos miedo a los adolescentes, no criemos desde el miedo, sino más bien desde la conciencia de poder ser reflexivos y de poder ser más humanos. Porque con el miedo no llegamos a ningún lado y los jóvenes están preocupados", explicó.
Para la especialista, la salida no pasa únicamente por el encierro o la punición, sino por reconstruir las tramas comunitarias y familiares, dotando a los jóvenes de herramientas críticas reales que fortalezcan su convivencia y responsabilidad social.