Existe una evidente contradicción entre celebrar la identidad, la cultura y el valor patrimonial de Caspalá y guardar silencio frente a los graves cuestionamientos sobre decisiones oficiales que, según las denuncias y los hechos investigados, provocaron graves daños sobre los bienes y espacios de valor histórico y ancestral, ni hablar del ataque a la comunidad de Caspalá por parte de la Policía.
Ni autocrítica ni perdón
La presencia de Carlos Sadir en Caspalá durante las fiestas patronales, destacando el reconocimiento internacional del pueblo e invitando a sus habitantes a trabajar unidos por su desarrollo, resulta difícil de separar de los acontecimientos que marcaron profundamente a esa comunidad durante el gobierno del que él formó parte.
A esto se le suma la polémica por la construcción de la escuela, financiada con fondos nacionales, que nunca se concretó y cuya situación es objeto de una causa federal. Por eso, antes que discursos sobre unidad y desarrollo, Caspalá merece explicaciones claras, responsabilidad y transparencia.
Y si quienes hoy gobiernan pretenden construir una relación sincera con el pueblo, quizás el primer gesto no debería ser apropiarse simbólicamente de su reconocimiento internacional, sino reconocer lo ocurrido.
Asumir las responsabilidades políticas que correspondan y, fundamentalmente, pedir perdón a una comunidad que siente que fue abandonada y vulnerada por el mismo espacio político que hoy gobierna Jujuy.
La verdad, un verdadero bochorno la visita de Sadir…
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