El fallo del oidor Francisco Tadeo Diez de Medina la condenaba a "una pena ordinaria de suplicio".
"Y que sacada del cuartel a la plaza mayor por su circunferencia, atada a la cola de un caballo con una soga de esparto al cuello, una coroza (cucurucho que se ponía por afrenta en la cabeza de los reos) de cuero y plumas y una aspa afianzada sobre un bastón de palo, en la mano, y a voz del pregonero que publique sus delitos sea conducida a la horca y se ponga pendiente de ella, hasta que naturalmente muera y después se claven su cabeza y manos en picotas con el rótulo correspondiente, y se fijen para el público escarmiento en los lugares de Cruz Pata, Alto de San Pedro y Pampajasi, donde estaba acampada y presidía sus juntas sediciosas y, de hecho sucesivamente, después de días, se conduzca la cabeza a los pueblos de Ayo Ayo y Sapaaqui, de su domicilio y origen, en la provincia de Sicasica, con la orden de que se queme después de tiempo y se arrojen sus cenizas al aire donde estime convenir".
La historiadora Pilar Mendieta, profesora de la Universidad Mayor de San Andrés en La Paz, evocó ese desgarrador capítulo de la historia de Bolivia en el artículo: "Mujeres en rebelión. Una mirada desde el diario de Francisco Tadeo Diez de Medina (1781)", publicado en la revista Investigaciones Sociales.
En honor a Bartolina Sisa, se conmemora el Día Internacional de la Mujer Indígena cada 5 de septiembre.
La vida, obra y muerte de la lideresa indígena Bartolina Sisa, como ejemplo de lucha por la emancipación del yugo español, junto a su esposo Túpac Katari, es narrada en un trabajo de la Confederación Nacional de Mujeres Campesinas Indígenas Originarias de Bolivia, que lleva el nombre de la mártir.
El historiador Nicanor Aranzáes, citado en el folleto La Historia de Bartolina Sisa, menciona que Sisa nació el 25 de agosto de 1750 en la provincia Loayza del departamento de La Paz.
Fue hija de José Sisa y Josefa Vargas, originarios del Alto Perú, que vivían del comercio de la coca de los Yungas y de la tela o bayeta de la tierra, para liberarse del sometimiento al que estaban condenados todos los pueblos originarios de esas tierras.
Ante esta realidad, la familia Sisa se trasladó a la Villa de Sica Sica. "Es ahí que junto a sus padres Bartolina adquirió la experiencia en el rubro del comercio, logrando independizarse a los 19 años".
Durante sus viajes por muchas ciudades, pueblos, comunidades, minas, cocales, Bartolina Sisa Vargas conoció la realidad en la que vivían los pueblos andinos. Es así que observó el sometimiento, la explotación, las ofensas y el abuso que sufrían sus hermanos indígenas por parte de las autoridades, los blancos españoles.
Esta realidad —agrega la investigación— genera una "convicción de protesta contra todo el sistema colonialista de explotación de la entonces joven Bartolina Sisa.