Memoria, arma de pacificación
Cuando trabajamos con las letras de aquí, de allá, de antes, de ahora, estamos trabajando con la Memoria.
Esta memoria es un arma importantísima de construcción, de pacificación. Entendemos que los sucesos de la historia, de la vida misma se repiten; de alguna manera se trenzan, vienen y van. Y nos corresponde a nosotros, a los hombres, acceder a ella, a las experiencias vividas, para que el proceso de sociabilización se realice eficazmente. Proceso que permite no solo el reconocimiento de los hechos sino también de nosotros mismos para no repetir lo malo, lo que destruye, lo que atenta al progreso.
En la Memoria está el pasado. Y las conexiones temporales nos permiten bucear en ella para trabajar por el presente y el futuro.
Y, sin embargo, volvemos a caer en egoísmos políticos, sociales, económicos, fraternales.
Somos vulnerables al olvido de sacrificios de culturas pasadas, de alegrías concretadas, de sucesos importantes y esclarecedores. Ya el antropólogo Mircea Elíade dice: “todo fragmento significativo repite el todo”. Y nos preguntamos, por qué repetimos fracasos. Por qué nos “falla la memoria”. Esa que sella nuestra identidad de ciudadanos, de personas del mundo todo. Esa que nos constituye, que nos reconoce.
Miramos a nuestro alrededor y percibimos caos, desmanes, inquietudes. Nos duele la situación social que sufren países hermanos, y nos miramos a nosotros mismos y tememos y deseamos PAZ para vivir, para construir, para ser el hombre justo y progresista que necesita el universo.
Sepamos salir de nuestro entorno: “que el árbol no nos tape el bosque”. Leamos, nos cuidemos, indaguemos en la Memoria de los tiempos de la historia para trabajar por el porvenir.
Así, nos advierte el poeta Rubén Vela:
ADVERTENCIA
I
El peón no tiene casa
¿Quién destruyó su casa?
El peón no tiene ropa
¿Quién le robó su ropa?
El peón no tiene pan
¿Quién le quita su pan?
Tiene hambre de día
tiene hambre de noche
¿Qué llevara a su muerte?
Cuidado con el amor
con la fuerza de ese amor
cuando ese amor reviente
el peón será hombre de incendios.
Reclamara su casa
sus ropas y su pan.
Aprenderá su nombre
y bautizará las cosas de otro modo
con palabras
que nunca hubiese deseado escuchar.
Hijo mío, mi pueblo,
ni la pobreza te pertenece.
A pesar de tus manos rudas
a pesar de tus días vacíos y sin embargo
nada te pertenece.
Ojalá podamos dejar un mundo mejor a nuestros hijos y nietos.
Susana Quiroga

